Integración para el siglo XXI

En San José volvió a resonar la palabra sabia del Popol Vuh o “libro del pueblo”

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En los años cuarenta del siglo XX, Paul Kirchoff, destacado antropólogo germano-mexicano, acuñó el concepto de Mesoamérica, con el propósito de unificar en una amplia definición a los pueblos originarios que vivieron y viven en la gran área geográfico-cultural que se extiende desde el centro de México hasta el noroeste de Costa Rica.

En años recientes, lo que inicialmente fue una concepción académica ha evolucionado hacia el terreno de la concertación política y el acercamiento económico, social y cultural.

Por esto, desde la última década del siglo XX, y con mayor énfasis en el XXI, los Gobiernos de Centroamérica y México iniciaron el camino hacia el establecimiento de un espacio común mesoamericano, con una gran área de coincidencia e integración en nuestra misma diversidad. Se partió de una agenda común y de la firme voluntad de avanzar hacia la modernidad y el desarrollo, con énfasis en la superación de la pobreza y el logro de la equidad social. A este esfuerzo se incorporó, en 2006, Colombia, lo cual ha potenciado aún más las posibilidades de nuestra acción colectiva.

Valiosos instrumentos. Los esfuerzos desarrollados por los Gobiernos y líderes de la región se han manifestado en una secuencia de valiosos instrumentos: el Mecanismo de Diálogo y Concertación Política de Tuxtla-Gutiérrez, el Plan Puebla Panamá y el Proyecto Mesoamérica. Estas iniciativas diplomáticas constituyeron, en su momento, el planteamiento y la respuesta de nuestros Gobiernos a los grandes retos políticos, económicos y sociales que enfrentan los países mesoamericanos.

Hoy, mexicanos y centroamericanos recorremos la segunda década del siglo XXI y ya avizoramos el año 2021, cuando celebraremos el bicentenario de nuestra independencia. En este momento de nuestro devenir histórico, nos hemos reunido en Costa Rica, actualmente presidente pro témpore del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), para evaluar, revisar y actualizar nuestro patrimonio común. Este fue el objetivo central de la exitosa Cumbre Extraordinaria SICA-México, celebrada el pasado miércoles en nuestra capital.

Con el presidente Enrique Peña Nieto coincidimos en que nuestros países comparten no sólo una realidad e identidad geográfica y cultural, sino también una misma voluntad y vocación para hacer frente, de manera conjunta, a los principales retos del nuevo milenio; también, para potenciar nuestras oportunidades. Por eso, decidimos conceder un impulso renovado y actualizado a los diferentes mecanismos de diálogo, coordinación y cooperación, que son los legítimos foros políticos para proyectar a nuestra región en América y en la comunidad internacional.

De los acuerdos a los hechos. Fue este un encuentro que, desde el diálogo y las decisiones políticas del más alto nivel, también puso un gran énfasis en la ejecución; es decir, en pasar de los acuerdos y compromisos a los hechos que impacten positivamente en el terreno de la integración, el intercambio, las inversiones, la cooperación, y las políticas sociales, culturales y de salud; es decir, en el nivel de vida de la población.

Tanto en las enriquecedoras conversaciones bilaterales como en las multilaterales que desarrollamos con México en estos días, coincidimos en los inmensos retos que nos plantea la realidad actual de nuestra región mesoamericana. Entre ellos están, en una primera línea de prioridades nacionales, el combate contra la pobreza y cómo desarrollar verdaderas políticas públicas institucionales, sostenidas y sostenibles, dirigidas al logro de la equidad social.

También hemos conversado con amplitud sobre el dramático y violento ataque de la delincuencia transnacional organizada que enfrentan los estados mesoamericanos, y que atenta contra las instituciones públicas de nuestros países, además de que socava y amenaza los valores de la convivencia social regional. Nos hemos comprometido a fortalecer la coordinación en esta lucha, con visión equilibrada y apuesta a la legalidad y la vigencia del orden jurídico. Además de mejorar el trabajo policial inmediato y de corto plazo, coincidimos en la urgencia de definir y desarrollar políticas regionales de mediano plazo que tengan carácter preventivo e impulsen el logro de mejores condiciones sociales para nuestros pueblos, en especial para los menos favorecidos.

Nuestras fronteras. Asimismo, hemos coincidido en la urgente necesidad de poner en práctica nuevos y auténticos esquemas de cooperación transfronteriza que impulsen y promuevan el desarrollo económico y social, con respeto al medio ambiente, de las regiones fronterizas mesoamericanas. Las fronteras entre nuestros estados deben dejar de ser polos de pobreza, para convertirse en espacios de desarrollo y convergencia para sus habitantes.

Hemos dedicado especial atención a las migraciones en el espacio mesoamericano. Coincidimos en que es obligación de nuestros Estados crear las condiciones jurídicas y de seguridad que permitan la libre y ordenada circulación de flujos migratorios en los corredores mesoamericanos, con respeto a las políticas de cada país

También destacamos que, desde nuestra condición de gran puente y zona de paso del continente americano, el desarrollo de modernos corredores de infraestructura y logística constituye un enorme reto para el logro del progreso económico regional. A esa mejora de índole física debemos añadir la modernización y simplificación de los procedimientos fronterizos.

Hemos decidido avanzar. Con especial satisfacción podemos decir que, a tan solo ocho años del bicentenario de nuestra independencia, los Gobiernos de Centroamérica y México, con renovada visión política, hemos decidido avanzar de forma clara en la adopción de nuevas formas de cooperación y fortalecimiento de esta alianza necesaria. Desde la perspectiva de Costa Rica, este avance requiere concertar un Acuerdo de Asociación Estratégica México-Centroamérica, que integre de manera orgánica y dinámica los mecanismos que ya se han desarrollado y, a la vez, cree instancias de ejecución más eficaces. Así podremos dinamizar la acción y gestión estatal y privada, tanto nacional como regional, que contribuyan a mejorar la gobernabilidad democrática, perfeccionar el Estado de derecho y dar pasos convincentes en pro de novedosas políticas públicas, dirigidas a superar la pobreza y la injusticia, e impulsar la equidad social.

Sabemos que en esta segunda década del siglo XXI, el mundo asiste a un profundo proceso de discusión y revisión de las ideas y planteamientos globales, económicos y financieros imperantes hasta ahora. Esto, por sí solo, basta para que dicho Acuerdo de Asociación Estratégica Regional constituya el nuevo diseño de la arquitectura jurídica regional. Pero lo más importante es que podrá generar la suficiente energía política y capacidad institucional para afrontar la nueva agenda mesoamericana, a partir de cuatro ejes de diálogo y concertación: el político, el fortalecimiento del Estado de derecho, la cooperación para el desarrollo sostenible, y el comercio y las inversiones mesoamericanas. En este diseño no podemos olvidar la buena ejecución, el seguimiento, la evaluación y el rendimiento de cuentas por resultados.

Equidad, bienestar y progreso. A fin de dar pronta materialización a esta profunda coincidencia, los mandatarios y nuestros representantes de México y Centroamérica, al final de nuestro encuentro en San José, hemos instruido a nuestros ministros de Relaciones Exteriores para que, en un plazo perentorio, den seguimiento a nuestros acuerdos y, en particular, precisen condiciones, términos y contenidos del Acuerdo de Asociación Estratégica Regional. Nuestra voluntad es que muy pronto podamos contar con una nueva estructura legal e institucional que se convierta en el mecanismo idóneo y actualizado para la consecución de los anhelos de equidad, bienestar y progreso de todos los pueblos del área mesoamericana.

Concluimos este nuevo encuentro mesoamericano con entusiasmo y esperanza, pues en todosha emergido el espíritu de trabajar juntos, de movernos al unísono y avanzar al futuro promisorio.

Tras muchos siglos de historia compartida, en San José volvió a resonar la palabra sabia del Popol Vuh, o “libro del pueblo”, que recoge gran parte de la sabiduría de nuestros inmensos antepasados Mayas: “Se juntaron, llegaron y celebraron consejo en la oscuridad y en la noche; luego buscaron y, discutieron, y aquí reflexionaron y pensaron. De esta manera salieron a luz claramente sus decisiones y encontraron y descubrieron lo que debía entrar la carne del hombre”.

Ahora nos corresponde actuar desde lo decidido.

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Noticia La Nación: Integración para el siglo XXI