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Impurezas del desarrollo sostenible

Actualizado el 10 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Muchas empresas confunden desarrollo sostenible con gestión ambiental

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Impurezas del desarrollo sostenible - 1
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En una entrevista escuchaba a un gerente hablar del compromiso de su empresa con el desarrollo sostenible. Con todas las buenas intenciones comentaba de los programas que ejecutaban en materia de reciclaje, ahorro de energía y agua, carbono neutral y reforestación. Aunque insistía en el apego al desarrollo sostenible, solo hizo referencia al tema de gestión ambiental.

Esta línea conceptual errónea de equiparar las prácticas ambientales con el desarrollo sostenible es muy común. Si bien es cierto el desarrollo sostenible nace como respuesta a la preocupación por los modelos de desarrollo y crecimiento económico, basados en la sobreexplotación sin límites de las materias primas en perjuicio del agotamiento de los recursos naturales, la propuesta de la sostenibilidad va más allá de la defensa de la naturaleza.

El “desarrollo sostenible, sostenido o sustentable” fue definido en el Informe Brundtland, “Nuestro Futuro Común” en el año 1987: “Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”.

A este concepto se le suman tres pilares que deben actuar de manera interdependiente, y como requisito deben lograr un balance entre el equilibrio ecológico, el crecimiento económico y el bienestar social.

En este sentido, el desarrollo sostenible va orientado a promover que la producción se realice de la mano con el medio ambiente, de manera que los recursos naturales tengan la capacidad de sobrevivir al ser afectados por la actividad humana. Pero de manera complementaria y obligatoria, los negocios deben ser rentables y deben contemplar una apropiada distribución de la riqueza.

Además, se debe generar bienestar social, contemplando no solo la satisfacción de las necesidades básicas, sino también mejorar el desarrollo humano para actores como trabajadores, familias, comunidades y el país en general; de manera que impacten positivamente en los problemas de pobreza, desempleo y mayores oportunidades para la sociedad.

Aunque son muchos los indicadores que se deben contemplar al analizar este tema, con un ejemplo simple se tratará de ilustrar esta interdependencia y balance requerido por el desarrollo sostenible. Aquella empresa que incluye prácticas ambientales responsables para producir sus bienes, pero su relación con los empleados y comunidades es superficial y/o, por otro lado, no está pagando los respectivos impuestos o cargas sociales; de ninguna manera podría escudarse en el desarrollo sustentable, porque no logra el equilibrio requerido en su manera de hacer negocios.

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En este sentido, el desarrollo sostenible no es exclusivo de las actividades ambientales, y sus complementos en materia social y económica no son un valor agregado, sino un requisito indispensable del balance que exige este paradigma de desarrollo. Su aplicación tampoco puede visualizarse como un conjunto de acciones aisladas, sino que debe responder a un planteamiento estratégico que oriente la toma de decisiones en una empresa.

No hay duda de que la práctica del desarrollo sostenible está cargada de buenas intenciones. Si damos un vistazo rápido al entorno empresarial en Costa Rica, nos damos cuenta que algunas compañías han adquirido el compromiso de hacer negocios de manera responsable, otras no lo han entendido ni les interesa entenderlo y bastantes han aprovechado la connotación positiva del término “desarrollo sostenible, sustentable o sostenido” para confundir a sus clientes y ganar imagen.

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