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Impuestos, generosidad y espíritu de servicio

Actualizado el 05 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Impuestos, generosidad y espíritu de servicio

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Algunos profesionales liberales y empresarios buscan excusas para incumplir el deber legal y moral de pagar impuestos. Así, incrementan la pobreza del país y la hambruna pedagógica de pueblos marginados de la cultura, ceñidos a una pálida esperanza, muerta entre las páginas de un formulario o en las de un libro contable. En una ocasión le pedí a un empresario una aportación económica para una obra social, y su respuesta fue tajante: este año –me dijo– no he tenido ninguna ganancia. Desde luego, no le creí. Solo sé que otros hacen lo mismo y han omitido el señorío de servir.

Pero hablemos de la generosidad (dar y darse). Cabe preguntarse: el costarricense, salvo el caso de desastres naturales, ¿es generoso en el cumplimiento del deber? ¿Se preocupa y ocupa de sus semejantes, de sus hermanos? ¿Vive el precepto divino de “amaos los unos a los otros como yo os he amado”? ¿Aspira a construir una convivencia, familiar y social, con tono humano? ¿Pone en práctica aquello de vivir “siempre alegres para hacer felices a los demás”? ¿O se conforma con decir “pura vida”, sin pasar de ahí?...

David Isaacs, autor británico radicado en España, define así la generosidad. “Actúa a favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo” (La Educación de las Virtudes Humanas, p456). Esta virtud, a su vez, está llamada a impulsar el espíritu de servicio, tan ligado a ella. La lucha consiste en pasarse del círculo del egoísmo al círculo luminoso de la generosidad.

Mientras el costarricense no se detenga a pensar en la riqueza de ser persona y en el valor de la vida humana, y no de la velocidad, y mientras carezca de una educación vial permanente, irán en aumento los accidentes de tránsito, las muertes en carretera y el menosprecio de la vida. Atinente a la realidad existencial que enfrentamos, otro autor, el literato José Luis Sampedro, quien fuera profesor de Economía en la Universidad de Madrid, rescata a la persona en su libro Economía humanista. No le rinde pleitesía a las diosas omnímodas, todopoderosas, de la ciencia y la técnica; tampoco las desprecia; simplemente las coloca en su sitio, se diría que al servicio del raquítico humanitarismo de estos tiempos.

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Hoy, guiados por la economía, injusta repartidora de riquezas y amarguras, el materialismo la ha penetrado y le pide al hombre ser rico para ser feliz, a costa de lo que sea y como sea. Junto al deber legal y moral de pagar los impuestos para combatir la pobreza y brindarle protección a escolares de recursos económicos escasos, emerge otro deber: el de ser generosos, sin dejarse llevar por el egoísmo y el consumismo y su voracidad.

Ejemplos recientes de solidaridad patriótica, ese rostro social de la generosidad, los tenemos en Costa Rica. Basta con citar cuatro ejemplos: el proyecto “Ambientados” para reciclar material desechable, ya con 30 puestos distribuidos en distintos lugares del país; el rescate ecológico del humeral de Palo Verde, en Guanacaste; la construcción de un camino para minusválidos en el Parque Carara, en Orotina.; y la campaña para donar dinero destinado a reparar escuelas dañadas por el terremoto de Nicoya. Son proyectos creados e impulsados desde Canal 7 por Pilar Cisneros y otros que probablemente vendrán.

Valga la ocasión para agradecer y felicitar también a la presidenta de la República, Laura Chinchilla, por su fructífero viaje a China, para beneficio del país Sin duda alguna, el camino de la mujer es promisorio y su hacer nos enseña lo que debemos ser: costarricenses dispuestos a trabajar y a pagar impuestos, a ser generosos y a servir, con el fin de tener una patria más solidaria y próspera.

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