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La Iglesia y el dinero

Actualizado el 23 de junio de 2010 a las 12:00 am

Cuán lejanaestá esta iglesiade las enseñanzasde Cristo'

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Los recientes reportajes de La Nación han desnudado, una vez más, el afán de obtener dinero fácil y en grandes cantidades, sin tomar en cuenta si para hacerlo se rompen todas las reglas de prudencia y honestidad, de la alta cúpula de la Iglesia Católica de Costa Rica.

Esto no es una novedad, ya que esta iglesia tiene una trayectoria de toda su vida de unión con los poderosos para, usando cualquier método, obtener beneficios económicos.

En la historia del papado hay, no solo criminales, como los Borgia, sino mercaderes que vendían el cielo por dinero. El 31 de octubre de 1516 Martín Lutero, sacerdote católico entonces, clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittemberg los 95 tesis sobre la venta de indulgencias como una mentira y un abuso del poder.

Esto significó el inicio del movimiento protestante que, sin embargo, a través de los años, ha caído también en el vicio de obtener dinero de los fieles con falsas promesas.

Son muchos los artículos que he publicado en esta misma página, a través de los años, en los cuales he denunciado ese afán de obtener riqueza a como haya lugar y sin escrúpulos de ninguna clase de las autoridades eclesiásticas.

El presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo José Francisco Ulloa, está denunciado de administración fraudulenta, aunque el juicio camina a paso de tortuga. El obispo San Casimiro no tuvo más remedio que admitir, confrontado con pruebas irrefutables, que había pagado el hospedaje en México a un sacerdote prófugo de la justicia condenado por abusos sexuales a menores de edad. Además, cuando hizo una denuncia por un robo, indicó a las autoridades que le habían robado varios millones de colones en euros y en dólares, que le habían sobrado de un viaje a Europa. También se relacionó y mantuvo una amistad estrecha con un prófugo de la justicia española a quien le prestó $156.000.00. Y ahora se descubre que le había prestado a una financiera de Calixto Chávez $290.000.00. Otro sacerdote, amigo suyo, le prestó a la misma financiera $758.000,00

Falta humildad. Cuando se analizan estos eventos y se conoce el boato, la inmensa fortuna y el lujo del Vaticano, no puede uno menos que pensar cuán lejana está esta Iglesia de las enseñanzas de Cristo, siempre humilde, con la vestimenta más simple, caminado con unas viejas sandalias, siempre en favor de los pobres.

Por motivos que no son del caso explicar aquí, hubo un período de mi vida, hace ya muchos años, en que recibí varias invitaciones para asistir a banquetes en el palacio en el cual vivía, y todavía vive, el Nuncio Apostólico. Recuerdo, como en un sueño, la magnificencia, el lujo, el derroche de dinero. Al visitante lo recibían alfombras que solo se encuentran en palacios de reyes o de millonarios. Y los candelabros de oro, las arañas luminosas como diamantes, y los muebles' En la cena solo se servían los platos más exóticos y más caros, siempre con una entrada de caviar. Y los vinos eran los mejores y más caros del mundo, los cuales, supongo, los importaban sin pagar impuestos. ¡Qué diferencia tan enorme con la vida sencilla del fundador del cristianismo!

Como cada vez que se descubre una forma ilegal de obtener dinero, los miembros de la Conferencia Episcopal aducen que no fueron ellos sino alguien que murió, y, por lo tanto, no puede defenderse, el culpable del delito. En la denuncia anterior por administración fraudulenta el obispo Ulloa culpó a un pobre contador, que no tenían ningún poder de decisión, por todo lo ocurrido. “No sé por qué lo hizo. Cuando vaya al cielo se lo preguntaré”, dijo. Y ahora indica que todo esto pasó cuando el presidente de la Conferencia Episcopal no era él, sino monseñor Arrieta, también fallecido, quien ahora no se puede defender de los cargos y a quien habrá que preguntar por qué lo hizo cuando alguno de los obispos vaya al cielo.

Todo este panorama indica la necesidad, cada vez más importante, de convertir a Costa Rica en un Estado laico, como lo son prácticamente todos los países del mundo occidental.

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