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Ideas sacadas de la ficción

Actualizado el 27 de agosto de 2012 a las 12:00 am

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Ideas sacadas de la ficción - 1
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Ideas sacadas de la ficción - 1

Hasta ahora, la mayor parte de la argumentación de Paul Ryan, el presunto nominado republicano para vicepresidente, se ha enfocado en sus propuestas para el presupuesto. Pero Ryan es un hombre de muchas ideas, lo que de ordinario sería algo bueno.

En su caso, sin embargo, la mayoría de esas ideas parecen venir de obras de ficción, específicamente de la novela de Ayn Rand La rebelión de Atlas .

Para aquellos que por una razón u otra no saben de que se trata, La rebelión de Atlas es una fantasía en la que la gente más productiva del mundo le quitan sus servicios a una sociedad mal agradecida.

El punto fuerte de la novela es un discurso de 64 páginas de John Galt, el cabecilla de la airada élite. Incluso, Friedrich Hayek (considerado por muchos el padre del liberalismo moderno) confesó que nunca logró leer más allá de esa parte.

Sin embargo, el libro es un favorito entre algunos adolescentes. La mayoría de los jóvenes eventualmente lo supera. Pero algunos siguen devotos a él de por vida. Y Ryan es uno de esos devotos.

Cierto, en años recientes, ha tratado de bajarle el tono a su apego al randismo, al cual llama una “leyenda urbana”. No hay que esforzarse mucho para ver la razón: el ferviente ateísmo de Rand –para no mencionar la afirmación que hizo ella de que “el aborto es un derecho moral”– no es lo que la base del Partido Republicano quiere oír.

Pero Ryan no es sincero. En el 2005 dijo a la Sociedad Atlas, que está dedicada a promover las ideas de Rand, que ella era la inspiradora de su carrera política. También declaró que la lectura de la obra de Rand era un requisito para su personal.

Y el programa fiscal de Ryan refleja claramente ideas randianas. Como documenté en una columna anterior, la reputación de Ryan de ser serio en lo que concierne al déficit presupuestario es completamente inmerecida; sus políticas en realidad aumentarían el déficit.

Pero es extremadamente serio respecto a recortar los impuestos a los ricos y reducir la ayuda para los pobres, muy acorde con la veneración de Rand a los exitosos y su desdeño de los “parásitos”.

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Este último punto es muy importante. Al promover recortes draconianos en Medicaid, cupones para alimentos y otros programas de ayuda a los necesitados, Ryan no solo busca formas de ahorrar dinero. También trata de dificultar la vida a los pobres' para bien de ellos.

En marzo, al explicar sus recortes en la ayuda, declaró: “No queremos convertir la red de seguridad en una hamaca que arrulle a personas totalmente capacitadas para que caigan en vidas de dependencia y complacencia...”.

Pero, esperen, hay más: La rebelión de Atlas aparentemente dio forma a los puntos de vista de Ryan sobre política monetaria, puntos de vista a los que se aferra pese a que de manera repetida ha estado equivocado en sus predicciones.

A principios del 2011, Ryan –quien recientemente se había instalado como presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara– hizo pasar un mal rato a Ben Bernanke, presidente de la Fed, por sus políticas expansionistas.

La elevación del precio de las materias primas y las tasas de interés al alza, afirmó, eran los heraldos de alta inflación que se avecinaba. “Entre lo que un país puede hacer a sus ciudadanos, no hay nada más insidioso que degradarle la moneda”, recitó.

Desde entonces, la inflación se ha mantenido inmóvil mientras que las tasas a largo plazo han caído y la economía seguramente estaría en una condición mucho peor a la que tiene si Bernanke se hubiera permitido que lo amedrentaran y hubiera efectuado una restricción monetaria. Pero Ryan parece impertérrito en sus puntos de vista monetarios. ¿Por qué?

Bueno, ahí lo tenemos en aquel discurso del 2005 a la Sociedad Atlas, en el que declaró que siempre se remonta al “discurso de Francisco d’Anconia sobre el dinero” cuando piensa en la política monetaria. ¿Quién? Eso no importa. Ese discurso (que registra apenas 23 párrafos) es un caso de obsesión con monedas fuertes.

El personaje de marras, un compinche de Galt, no solamente pide un retorno al patrón oro, también condena la idea de los billetes y exige la vuelta a las monedas de oro.

Para que conste, el suministro de moneda de EE. UU. ha consistido abrumadoramente en billetes, no monedas de oro ni de plata, desde principios de la década de 1800.

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Por eso, si Ryan piensa que Francisco d’Anconia tenía la percepción correcta, tendrá que devolver el reloj no uno sino dos siglos.

¿Importa algo de esto? Bueno, si la papeleta republicana gana, Ryan será una fuerza influyente en la próxima administración y, sin olvidar, a un latido de un corazón de distancia de la presidencia.

Por eso nos debe preocupar que Ryan sostenga ideas monetarias que, si se ponen en práctica, tendrían mucho que ver en que se repita la Gran Depresión.

Y más allá de eso, pensemos en el hecho de que a Ryan se le considera el gran pensador del moderno Partido Republicano. ¿Qué dice respecto a un partido cuyo líder intelectual saca sus ideas principalmente de novelas fantásticas profundamente divorciadas de la realidad? Traducción de Gerardo Chaves para La Nación

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.

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