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Actualizado el 07 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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El Grupo de Economistas al cual me honro en pertenecer produjo un nuevo documento sobre un tema candente y de gran interés: Crecimiento, desempleo, pobreza y desigualdad. Está a su disposición por correo.

Viene con un enfoque novedoso e información actual de cómo ven el problema connotados economistas externos, incluyendo algunos laureados con el premio Nobel. Parte, como algunos de ellos, de una pregunta fundamental: ¿Por qué otros países sí pueden y nosotros no? Debemos extraer lecciones de los más avezados en el mundo.

Según la Comisión para el Crecimiento y Desarrollo liderada por Michael Spence, 13 países lograron tasas de crecimiento elevadas (7%) y sostenidas (25 años) mediante un conjunto selecto de políticas: apertura y liberalización, estabilidad macroeconómica, elevada inversión pública y privada apoyada en ahorro doméstico, respeto por las señales del mercado, políticas de desarrollo eficaces, y proveer eficientes servicios públicos. ¿Las hemos cumplido? A medias, si acaso. El documento explica por qué.

Inserto en esta receta está el deficiente modelo de desarrollo que ha devenido una economía dual: un sector dinámico, tecnológicamente desarrollado y con mejores salarios (producto de la apertura, liberalización y tecnología), y otro rezagado, con alto desempleo y menor remuneración (producto del prolongado proteccionismo). Y ahí está lo novedoso del análisis: en vez de inculpar la apertura y liberalización, que nunca se concluyó, señalamos como causa principal el efecto del proteccionismo productivo y laboral y la menor competencia, que nos hizo poco creativos y con baja productividad.

Y aquí viene el gran dilema: ¿Cómo mejorar la distribución? Unos pretenden abortar la apertura; otros, más intervención en la producción; y algunos, una reforma tributaria más progresiva. Nosotros creemos que las dos primeras no funcionarían, y la tercera tendría limitaciones. La estructura tributaria descansa en impuestos indirectos, más que en renta, y revertir las proporciones sería muy difícil. Más progresividad algo lograría en redistribución, al igual que mejorar los programas sociales. Pero su contribución adicional, aunque positiva, sería modesta. Lo esencial es un crecimiento elevado y sostenido y, para lograrlo, debemos continuar la liberalización y apertura, apuntalar la macroeconomía, productividad y tecnología, y revigorizar la infraestructura. Es lo que realmente podría mejorar el empleo y salarios, pues representa el mayor porcentaje del ingreso disponible, más que toda la ayuda estatal. El impacto en la pobreza y distribución sería mayor.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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