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Actualizado el 30 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Hace bien el Foro de Occidente en dedicar el segundo tiempo de su (acalorado) partido a explorar cómo financiar la carretera a San Ramón. Han surgido ya varias propuestas. Yo voy a retomar una de cuño ajeno que me pareció interesante, y agregar algo de mi propio punzón.

La iniciativa proviene de la imprenta del Movimiento Libertario. Su autor, Otto Guevara, sugiere destinar fondos de las utilidades retenidas del Instituto Nacional de Seguros (unos $300 millones) para financiar y construir la obra, en vez de destinar esos mismos fondos a adquirir una sociedad aseguradora fuera de Costa Rica (en algún país centroamericano, creo), como aparentemente había planeado hacer en Instituto. ¿Cómo les suena?

Lo primero que vuela a mi mente es esa (peregrina) idea del INS de destinar sus utilidades que, según don Otto, no son reservas técnicas sino platilla extraída a ustedes y a mi en exceso del costo del servicio. Las utilidades, por definición, son ingresos totales menos costos totales que en todo ente público deberían estar reguladas y no dejarse por la libre, y mucho menos invertir en una aventura de ultramar, fuera del radar de la Contraloría y otros entes de fiscalización. No lo veo bien. Aquí el Gobierno, a coyol quebrado, coyol comido, y el INS regodeándose en el exterior.

Aparte de lo anterior, hay aspectos interesantes en la propuesta libertaria. El mayor es que no habría endeudamiento estatal aquí ni en el exterior, ni en dólares ni colones, sino una inversión efectuada con recursos propios del Estado en algo de clara utilidad (directa o indirecta) para la gran mayoría de los costarricenses. ¿Cómo se haría el milagro? La propuesta es que el Gobierno emita una directriz congelando esas utilidades, y una ley de la Asamblea traslade las utilidades del INS (institución autónoma) al Estado, representado por el Ministerio de Hacienda, para contratar la construcción (con transparencia, espero).

Nos ahorraríamos mucho en amortización e intereses, en devaluación si se financiara en dólares, todo lo cual sería una gran cosa, aleccionadora, además. Se cobraría un canon menor (peajecito) para mantenimiento, nada más. Y podríamos tener una vía amplia, más segura y expedita, sin las presas que hoy se forman los domingos en la inefable autopista del Sol. El INS obviamente relinchará. Pero yo no me voy a comprar ese pleito con don Guillermo Constenla, a quien aprecio (mucho) en lo personal y a quien envidio (mucho más) el sueldazo que le pagamos los tenedores de las pólizas, mes a mes. Que se lo compre Otto Guevara. Después de todo, él fue quien lanzó la piedra.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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