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Actualizado el 09 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Asistí a una esclarecedora exposición del superintendente de Pensiones, Dr. Édgar Robles, sobre los desafíos del sistema nacional de pensiones. Se me paró el pelo. No sabía que la situación era tan crítica.

Don Édgar demostró, cifras y proyecciones en mano, que los regímenes de pensiones están desfinanciados y, si siguen así, no habrá suficientes recursos para los futuros pensionados. Y quienes ya adquirieron el derecho se arriesgan también a sufrir menoscabo en sus pagos pues algunos regímenes ya empezaron a comerse el capital y en algún momento, no muy lejano, se quedarán sin recursos. ¿Se dan cuenta de la torta en que se han –nos han– metido?

Regímenes como el del Poder Judicial están (en mi opinión) técnicamente quebrados. ¿Por qué? Por golosos. No encuentro otra manera más agridulce de ponerlo. Estos abogaditos (como yo) se sirvieron en grande sin efectuar cálculos estadísticos sobre su viabilidad, habida cuenta del monto insuficiente que pagan frente al monto de las pensiones a la jubilación. Considerando una tasa real de inversiones del 3% y un 4% de incremento salarial, el valor actuarial de la aportación es solamente del 31%, mientras que la reserva matemática es negativa en un -69%.

Las pensiones de CCSS no están tan mal, pero tampoco componen. En los meses de febrero y abril del 2013 los aportes sobre el pago de pensiones fueron positivos, pero en marzo pasado, y los meses proyectados, los aportes se vuelven negativos. La reserva para pensiones (en miles de millones) es de 1.473, y el valor presente de las cuotas pagaderas apenas llega a 26.888. En cambio, el valor de los pasivos es de 47.790 y, por tanto, el faltante es de 19.000 (redondeado), aun después de la reforma del 2005.

Para llenar el déficit habría que aumentar las primas significativamente y llevarlas a un 15,3% (promedio), considerando únicamente el régimen de invalidez, vejez y muerte. Si se adicionan las primas por enfermedad y maternidad, el costo para empleadores y trabajadores sería muy duro, al igual que el impacto en el desempleo. ¿Por qué llegamos a tal situación de deterioro? Hay varias explicaciones. Una es que los ticos ahora vivimos más (y, desde que inventaron que éramos los más felices, probablemente vamos a vivir eternamente) y, por tanto, los supuestos para efectuar los cálculos de las pensiones fallaron; otra, que los trabajadores y sindicatos siempre han estado dispuestos a pedir más (más y más), y los políticos a conceder más beneficios sin contrapartidas suficientes. Tendría en este tema mucho más tela que cortar, si tuviera más espacio. Por ahora, me gustaría saber cuál será la solución de los precandidatos.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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