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Actualizado el 02 de abril de 2013 a las 12:00 am

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La crisis económica desnudó las debilidades estructurales del mercado laboral europeo asociadas con el desempleo. Voy a comentarlas, al igual que las soluciones propuestas, por las implicaciones que podrían tener en nuestro mercado laboral. Uno aprende de los demás.

¿Debe estimularse el gasto en esta recesión para reducir el desempleo? La respuesta de cajón (con “g”) es sí: gastar a lo keynesiano, derribar tasas de interés y desbordar el límite prudencial del crédito para seducir a inversionistas y consumidores. Es lo que han hecho en EE. UU. Pero en la Unión Europea la receta no funciona.

Se arguye que, al caer el desempleo por insuficiencia de demanda agregada, conviene aumentar el gasto pues, al volver a la normalidad, el empleo y salarios volverían al nivel anterior. Hasta ahí, todo bien. Pero a ciertos países europeos la crisis los agarró con altos niveles de salarios y desempleo, por lo que, al superarse (o, más bien, para superarla) habría que reducir los primeros para disminuir el paro. Y, claro, implicaría tocar la estructura salarial y legal, y contrastar el poder sindical ante el temple gubernamental, como aquí con los sindicatos públicos.

Allá, los políticos aprobaron hartas garantías laborales (prestaciones, salarios mínimos y beneficios) y los sindicatos se apoderan de rentas que se traducen en desempleo. La inamovilidad laboral, junto al costo salarial efectivo, restringe la creación de empleos al hacerlos más caros frente a otros recursos. También protege a empleados antiguos, que se vuelven menos productivos, en detrimento de los más jóvenes, que podrían incorporarse con ventaja y apuntalar la producción. La sociedad sufre, a pesar del alto gasto en beneficios sociales. ¿Qué hacer?

Los técnicos del FMI proponen flexibilizar el mercado laboral con medidas “micro” y “macro”, pero sin desproteger al trabajador. Las “micro” aportarían flexibilidad salarial y movilidad para crear otros puestos que demanda la sociedad; las “macro” permitirían similar flexibilidad para que patronos y gobierno puedan absorber choques externos, como la recesión. ¿Qué pasaría con los trabajadores? Habría despidos, claro, pero no los abandonarían. Recibirían un seguro de desempleo y adiestramiento para reubicarse y responder a las cambiantes necesidades. Un mercado laboral flexible estimularía el crecimiento y apaciguaría el desempleo. En corto, proteger al trabajador pero no su puesto. En CR se ha cuestionado la liberalización de la economía por no proveer de suficientes empleos a pesar del crecimiento del PIB, sin analizar a profundidad las causas. La verdad es que la liberalización nunca se completó. He ahí la clave.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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