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Actualizado el 29 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Voy a meter la cuchara en un tema que no es de mi especialidad, pero sí de interés público. ¿Debe prohibirse la investigación, siembra y comercialización del maíz transgénico en Costa Rica?

Antes de responder, voy a ubicar el tema en su correcta perspectiva. El maíz transgénico es, según Wikipedia, “maíz modificado mediante técnicas de ingeniería genética con las que le agregan genes de organismos lejanos a él. Las dos características más comunes son su tolerancia a herbicidas y resistencia a insectos”. O sea, es un supermaíz (con él se alimentaban Superratón y Supermán, estoy seguro).

Lo desarrollaron transnacionales como Monsanto (que probablemente de santo no tenga nada) y, por eso, genera tanta controversia. Los ecologistas aseguran que produce efectos nocivos para la salud (alergias, cáncer y otros ayes), y puede contagiar a las otras especies naturales de maíz, afectar la vida de ciertos insectos y arruinar una cultura campesina centenaria ligada al maíz. Quieren que continuemos siendo maiceros (literalmente).

Los que están a favor lo defienden con argumentos persuasivos. Esas nueves especies resultan muy resistente a las plagas, por lo que no requieren tantos insecticidas, y permiten disminuir el costo de producción. La productividad se incrementa hasta en un 20%, y económicamente resultan muy atractivas. Es producir más y mejor a un menor costo, y con menos vicisitudes causadas por los elementos naturales. Añaden que no hay estudios científicos neutrales para demostrar los hipotéticos daños a la salud animal o humana, que en EUA, España y otros se consumen desde hace más de 15 años sin haberse reportado daños científicamente comprobados, y que la población mexi- cana ya consume un alto porcentaje de transgénicos importados.

¿Quién tiene la razón? Para uno, sin formación científica, es muy difícil saber. Pero eso no significa que deba permanecer indiferente. Yo pude constatar, por ejemplo, que EUA los permite (bajo ciertas regulaciones, como casi todo producto), al igual que en México y España y otra veintena de países. Si lo hacen, es porque estudios científicos han demostrado que se puede producir y consumir con altos beneficios. En Costa Rica el Gobierno y la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad decidieron permitir la siembra experimental de unas hectáreas, basados en los estudios científicos del caso. Me parece bien. Yo le veo potencial para darle de comer a la gente y, simultáneamente, mejorar el ingreso de los agricultores. El apoyo de la ministra de Agricultura, Gloria Abrahams, fue decisivo. A pesar de la presión, supo ceñirse las enaguas con serenidad y determinación.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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