Archivo

En Guardia

Actualizado el 20 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Archivo

En Guardia

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

No voy con quienes arguyen que la elección y no reelección de magistrados son actos jurídicos condicionados. Son políticos y discrecionales, aquí y en otras partes. Dos casos: EE.UU. y Costa Rica.

A los jueces de la Corte Suprema de Justicia americana los nombra a discreción el presidente. Después, pasan por el tamiz legislativo para su correspondiente ratificación, a veces peleada, pero también discrecional. Si el presidente es republicano nombrará a un conservador; si es demócrata, a un liberal (en sentido americano).

Bush designó al juez Thomas, conservador, bajo la airada protesta demócrata. Obama impuso a Sonia Sotomayor, de pensamiento liberal, para alterar el balance de la Corte y variar la interpretación de la Constitución y las leyes. La ideología es lo que cuenta. Más, incluso, que la filiación partidaria. Y eso está bien. Es un juego delicado y trascendente entre dos ideologías diferentes, claramente permitido y estimulado por la Constitución.

Nuestro derecho constitucional también es de carácter político, en el buen sentido de la palabra (no partidario). La Sala IV hace derecho político. Y sus nombramientos pasan por ese doble (y noble) tamiz: provienen de un cuerpo colegiado eminentemente político, y la Constitución no impone ningún parámetro para elegir ni reelegir a nadie (fuera de los consabidos de profesión y edad). No veo en el artículo 158 de la Constitución ninguna causal para garantizar inamovilidad magisterial, ni nada para obligar al diputado a reelegir. Tampoco impone plazos vitalicios, como en EE. UU. ¿Compromete la autonomía del Poder Judicial? Claro que no. El magistrado, una vez electo, vota conforme a su leal saber y entender. Pero la potestad de renovar el contrato reside en la representación popular. Aunque no nos guste, es lo que dice la Constitución.

¿Qué le pasó al Dr. Fernando Cruz? El jefe de fracción de Liberación, Fabio Molina, lo dijo con propiedad: nada personal. Yo agrego que era capaz y honesto. Pero lo traicionó su ideología. Él mismo lo reconoció en una entrevista en La Prensa Libre al negar que le cobraban lo de Crucitas: “Yo no creo que sea un cobro; es mi visión de las cosas, que son propias del Estado Social que hicimos en los años 40, incluidos grandes pensadores como Facio y Figueres. Muchas de las cosas que yo he dicho y las posiciones tienen que ver con ese origen”. Y agregó: “La mayoría de mis votos han sido de minoría”. Ahí está, Dr. Cruz, la cruz de su problema. Una mayoría de 38 diputados discrepa de su ideología, más a la izquierda que la de sus compañeros de Sala. Y es legítimo que esa mayoría calificada pueda decidirlo así.

  • Comparta este artículo
Archivo

En Guardia

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

Ver comentarios
Regresar a la nota