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Actualizado el 30 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Uds. me conocen bien. Saben que no soy de sobarle la leva a nadie ni me inclino por dar cumplidos a los altos funcionarios innecesariamente. Pero hoy haré una excepción.

Tengo en la mira a doña Laura Chinchilla, presidenta de la República, por su valiente y enérgica admonición a las juntas directivas de los bancos estatales en relación al abuso en el manejo de las tasas de interés. La reprimenda se las dio, precisamente, en la Escuela de Policía, un notorio centro de autoridad y poder. ¡Bravo!, pensé yo: la que puede, puede'

Dijo la primera mandataria: “Yo les recuerdo a quienes están al frente de los bancos del Estado que, si bien la banca estatal dio un paso importante y significativo hacia un mercado abierto en competencia, y entendemos que ciertamente tiene que operar con criterios de generación de utilidades sin despreciar los criterios comerciales, se les está yendo la mano”. ¿Por qué? La propia mandataria responde: “Desde inicios del año la tasa básica pasiva ha aumentado en casi dos puntos porcentuales, llevándola a un nivel que no hay manera racional de explicar”.

Don Fernando Naranjo, gerente general del Banco Nacional, le respondió de una manera despectiva e irrespetuosa. Dijo públicamente que doña Laura, “por no ser economista, no comprendía cómo funcionaban las tasas de interés”. ¡Qué bárbaro! Indirectamente le dijo ignorante, poco preparada en materia financiera, y dejó entrever que no le pensaba hacer caso. Yo no había visto nunca semejante osadía de parte de un dios menor hacia una diosa mayor, ni mayor ignorancia de la jerarquía presidencial. Se le olvidó también que doña Laura se preocupa por los demás, mientras que él únicamente por las utilidades del Nacional.

Me imagino que para don Édgar Ayales, también economista y experto en finanzas, el espaldarazo de doña Laura le debe haber sentado muy bien. Como ministro de Hacienda sabe bien que en la conformación de la tasa básica pasiva los bancos del Estado acarrean un peso porcentual muy elevado, mayor que el de Hacienda, y que son ellos los que la han venido empujando para acrecentar sus utilidades. Además, lo han dejado muy mal parado por haber prometido que las tasas se reducirían en el segundo semestre. Cada puja del Nacional o el Costa Rica hacia el alza le cuesta a Hacienda un ojo de la cara. La pregunta de rigor es qué harán los miembros de las juntas directivas de los estatales en esta comprometedora situación. Si actúan inteligentemente y con olfato político respaldarán a la presidenta y bajarán las tasas de interés. Es lo más sensato. Es más, lo veo venir. Me atrevería a incluirlo en mis predicciones para fin de año.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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