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Actualizado el 18 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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Un asiduo lector de esta columna se solaza en afirmar que, en política, no pego ninguna. Quizás tenga razón. Pero a veces me suena la flauta. En noviembre del año pasado, con ocasión de la llegada de don José María Figueres al país, escribí una columna cuyo segundo párrafo se perfila, hoy, casi certero.

Dice así: “De antemano, yo descarto sus propias declaraciones de que no va a participar en política electoral. Los ticos no somos ingenuos. Ladinos, quizás, y, a veces, taimados. Pero no nos estamos chupando el dedo. Creer que don José María no piensa postularse eventualmente como un aventajado precandidato a la presidencia de la República es un cuento chino”.

Johnny Araya, después de reunirse en privado con don José María, su hermano Rolando y el expresidente Luis A. Monge, echó la bola a rodar. Yo no tengo por qué dudar. Nunca lo hice. En retrospectiva, todo estaba calculado, desde la entrevista de Telenoticias en España, su añoranza por los tamales y sus lágrimas de cocodrilo, hasta su divertida comparecencia en el Congreso. Figuerillos –como le dicen con afecto sus partidarios– se la jugó muy bien. La oposición no pudo hacerle mella con preguntas ni repreguntas. Volvió por la puerta grande. Ya nadie se acuerda (ni le recuerda) su “valiosa” asesoría a Alcatel.

A don Rodrigo Arias y don Antonio Álvarez se les podrían complicar las cosas, pues sus pensamientos compiten con el de don José María (fragmentación del centro-derecha). Tampoco se puede descartar una unión estratégica de Monge, los Araya y Berrocal con Figueres para construir una tendencia más grande (previa negociación de puestos de rigor) y el eventual abandono de exliberacionistas recluidos en el PAC, seducidos por la promesa de redimir la socialdemocracia tradicional, ahora que don Ottón declinó sus aspiraciones. Sin él, el PAC ya no es igual.

Don Luis Alberto volvió, jubiloso, a las filas verdiblancas. Eso confirma todo lo anterior. Édgar Espinoza le dijo una vez, en broma, que cuando Monge estaba contento bailaba al son del pasito tun tun. Así se le ve otra vez, acompasado, por los vientos que corren a favor de don José María: su madurez, exposición y desempeño en el exterior; su inclinación a incorporar en su movimiento figuras de otras tiendas; y su deseo de revivir el pensamiento de su legendario progenitor. Recuperar y acrecentar el hilo conductor del viejo PLN, esquilado ideológicamente por los Arias y la derecha empresarial costarricense, es para él un reto y una oportunidad. Pero, antes, deberá convencer al gran porcentaje independiente que lo califica negativamente. Son los que, en mi opinión, decidirán la próxima elección.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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