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Actualizado el 11 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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La petición para excluir el anillo de circunvalación josefino de la restricción vehicular, planteada por la Asociación de Ingenieros Civiles del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (AIC-MOPT) y secundada por el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), debe ser apoyada sin dilatar. Se funda en razones expuestas con sentido profesional y espíritu de colaboración.

Los ingenieros comprobaron que el MOPT, al expulsar vehículos del anillo josefino (anillo de compromiso de anteriores titulares), recarga de hecho las vías aledañas, mucho más angostas y sinuosas, con el efecto perverso de congestionar más la circulación (rinitis vehicular), aumentar el tiempo de desplazarse del hogar al trabajo, e incrementar el consumo de combustibles. También aumenta la contaminación ambiental. Y, aunque no siempre comulgo con los verdes, en eso llevan razón.

Gracias, ingenieros, por puntualizar lo propio de su oficio. En economía, el tiempo perdido en desplazar la fuerza laboral es tiempo perdido en producir. Si en vez de morir de hastío en las presas, escuchar radio (o madrear al Gobierno por la restricción), se dedicaran a producir, el producto interno bruto dejaría de ser tan bruto. Y aunque el incremento en el consumo de combustibles se pueda financiar con holgura sin golpear el IPC por la abundancia temporal de divisas, es una lástima que, colectivamente, no podamos destinar esos recursos a satisfacer otras necesidades, como ali- mento, vestido y educación (incluyendo preservativos, esenciales para cumplir los liberales postulados de las nuevas guías de Educación).

Siempre me ha inquietado la restricción vehicular por tres razones fundamentales: lesiona el derecho de circular libremente (aunque Sala IV, por escasa mayoría, haya dicho lo contrario); porque permite a los Gobiernos escudarse en ella para posponer la inversión en infraestructura (principal causante del problema) y porque el transporte público es muy deficiente. Países que han invertido en transporte colectivo y construido grandes estacionamientos periféricos para permitir el trasiego de personas, están mejor.

El Gobierno se equivoca al convertir la ley de tránsito en un instrumento represivo y odioso para los conductores (que también votan), y una fuente de ingresos fiscales a sus costillas. Cuantas más infracciones, más dinero perciben. Por eso ampliaron la restricción vehicular al resto del día cuando, en principio, se justificaba solo por la congestión en las denominadas “horas pico”. Eso no tiene sentido. ¿Por qué no dar a los conductores el derecho de circular cuando las presas merman? Exacción, mordidas, represión. Mala combinación.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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