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Actualizado el 05 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Algo se aprende de las contiendas electorales entre los candidatos de los grandes países, de sus estrategias y el papel de la prensa, sobre todo la más analítica. La actual campaña entre Romney y Obama ha entrado en un proceso de redefinición muy interesante. ¿Cuáles son –o serán– los temas claves? Los republicanos esbozaron desde el inicio su tema de fondo: el estado de la economía y sus derivados, incluidos el bajo crecimiento, desempleo, energía, pobre desempeño de las bolsas, las tribulaciones del mercado inmobiliario con su legión de a propietarios desahuciados por remates bancarios y, desde luego, el déficit fiscal y deuda pública.

Obama se sacudió. Su frágil récord como conductor económico lo hace vulnerable. Después de cuatro años no ha podido resolver la crisis. El PIB creció menos de lo esperado en abril y el desempleo volvió a subir al 8,2% de la fuerza laboral, señal de que de que algo ha andado y anda mal. No puede eludir su responsabilidad bajo el argumento de que la crisis fue heredada pues, en política, cuatro años son un siglo. Romney se lo restriega cada vez que puede al añadir que él sí ha sido un empresario exitoso.

Obama, aunque aún arriba en las encuestas, está en una situación comprometida. Los demócratas nunca se han caracterizado por administrar bien la economía. Son dispendiosos, intervencionistas, proclives al sindicalismo (prebendas, regalías) y combaten el capitalismo aduciendo que los ricos son ricos a costas de los pobres. La lucha de clases no es un resabio demócrata en EE. UU. Clinton derrotó a Bush (Sr.) utilizando el argumento del goteo (trikledown) por las omisiones del sistema de precios. ¿Funcionará una vez más?

Obama ha buscado ese y otros temas marginales para desviar la atención de lo económico: indignados, matrimonios gais, inmigración, inconveniencia de recortar gastos sociales, más justicia tributaria. Aduce que, en una elección reñida, las minorías, indecisos e independientes decidirán la elección, y podrían reaccionar ante esos temas. Quizás tenga razón. Pero hay una crítica de fondo formulada por The Economist que podría calar en un país tan capitalista: el problema no es tanto su retórica de izquierda ni su irresponsabilidad fiscal, sino su incomprensión de cómo funciona la economía. Obama piensa que es incompatible maximizar utilidades y generar empleos. Pero eso no es cierto. Las empresas que maximizan ganancias son las únicas que sobreviven a largo plazo y pueden invertir para crear empleos sostenibles. Y eso les preocupa. Si lo reeligen, dicen, podría comprometer el fundamento de la economía de mercado y afectar al resto del mundo. Eso bastó para negarle su apoyo.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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