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La virgen de Guadalupe y la Santa Muerte conviven en la Ciudad de México

Actualizado el 31 de diciembre de 2008 a las 12:00 am

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La virgen de Guadalupe y la Santa Muerte conviven en la Ciudad de México

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                          Justo a un costado de los numerosos altares a la virgen de Guadalupe que se erigen en un popular barrio de la capital mexicana para festejarla este jueves en su día, otro altar, el de la Santa Muerte, una calavera con un vaporoso vestido blanco, es venerado permanentemente.  | AFP/ARCHIVO
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Justo a un costado de los numerosos altares a la virgen de Guadalupe que se erigen en un popular barrio de la capital mexicana para festejarla este jueves en su día, otro altar, el de la Santa Muerte, una calavera con un vaporoso vestido blanco, es venerado permanentemente. | AFP/ARCHIVO

MÉXICO (AFP) Justo a un costado de los numerosos altares a la virgen de Guadalupe que se erigen en un popular barrio de la capital mexicana para festejarla este jueves en su día, otro altar, el de la Santa Muerte, una calavera con un vaporoso vestido blanco, es venerado permanentemente.

"Es la secretaria de Dios nuestro señor. Si Dios le dice 'llévate a fulano', ella cumple", comenta a AFP Leticia Pérez, vendedora de periódicos de 45 años, devota de la "Flaquita", como la llama cariñosamente.

La imagen viste como una novia, con capas de tul blanco, joyas doradas, guadaña en una mano y en la otra dólares en forma de abanico, con el mundo encima y colgando de la muñeca la balanza de la justicia.

A los costados otras dos calaveras y por todos lados del altar ofrendas de cigarros, frutas, botellas de alcohol, dulces y cuadros alusivos a la Santa Muerte, muchos enviados de talleres de distintos reclusorios.

"Cada primero de mes le cambiamos el vestido y le hacemos misa. Martha, la que cuida el altar, tiene un cuarto especial donde guardan todas sus cosas. Antes tenía joyas de oro, pero ya van dos veces que la roban", añade Leticia mientras arregla las flores.

Este peculiar altar es uno de los más vistosos del temido barrio de Santa Julia, hogar de criminales convertidos en leyenda, donde abundan "narcomenudistas" (vendedores de droga) y localizado a sólo una calle de la poderosa empresa estatal Petróleos Mexicanos y a unos minutos de las colonias más exclusivas de la ciudad.

El altar es coronado por un enorme mural con la imagen de dos jóvenes, sin camisa, cabello corto y con tatuajes de la Santa Muerte. Una oración y el enunciado "En memoria de Robert y Chembe" completan la colorida pintura.

"Robert era mi hijo, me lo mataron en septiembre de 2007 en el reclusorio. El era el dueño del altar, lo puso hace cuatro años y nos lo dejó para que lo cuidáramos. El empezó a creer en ella, hasta se casó con ella", explica de su lado Martha Rangel.

Martha añade que su hijo, que murió a los 33 años, fue condenado a prisión por ser un "chamaco descarriado", que dejó un niño de 11 años y que en vida tuvo muchas mujeres, pero "todas se las espantaba la Flaquita", después de que decidió casarse con la imagen de la Santa Muerte en este mismo altar.

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"Me decía que pasara lo que pasara, nunca renegara de ella, que respetara su voluntad, que ella sabría si se lo llevaba. Una vez estuve muy enferma y le dije a la Flaquita que si quería se llevara mi vida, pero me hijo me dijo: 'Yo ya hablé con ella para que cambie mi vida por la tuya, le haces más falta tu que yo'", añade.

El culto a la Santa Muerte, considerado sacrílego por la Iglesia Católica y que carece de registro gubernamental como asociación religiosa, se ha popularizado en los últimos años en México, especialmente entre gente de escasos recursos, delincuentes y policías, que le piden precisamente a la parca que no se los lleve.

A unos pasos del monumental altar a la "Flaquita", tres hombres pintan un mural y arreglan un pequeño altar para festejar este 12 de diciembre a la virgen de Guadalupe, la "Morenita", al cumplirse un año más de su aparición al indio Juan Diego.

"Estamos juntos pero no revueltos. Yo soy guadalupano, creo en Jesús, en todos los santos que están canonizados, pero no en la Santa Muerte porque no es reconocida por la Iglesia", comenta José Luis Pineda, de 56 años, y quien desde hace una década dirige los preparativos para el 12 de diciembre en este altar.

El altar es modesto, apenas una imagen de la virgen de Guadalupe, un Cristo y unas cuantas flores, compradas con las limosnas de los creyentes y que, a diferencia del altar vecino, no tienen tanto dinero como los devotos de la Santa Muerte.

"Usted sabe, los de allá venden drogas, son de ese tipo de gente. Nosotros no somos santos, pero tampoco es de que robo y le voy a llevar algo a la virgen. Pero podemos convivir con el otro altar porque, como ellos dicen, pues primero está Dios y eso es lo que tenemos en común", resume.

© 2008 AFP

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