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Presidente quiere más tiempo para sus hijos

Granados dijo adiós a su sueño, entre café y tabaco

Actualizado el 01 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Junto a su fracción, analizó las últimas opciones que tenía para el 1.º de mayo

Diputado cerró satisfecho de labor para aprobar casi una centena de leyes

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Granados dijo adiós a su sueño, entre café y tabaco

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Víctor Emilio Granados sintió, ayer por la mañana, que no tuvo un buen sueño. Se levantó temprano, poco usual para un martes, se quitó su gorro de dormir, se desperezó y salió de su casa por el primer cigarrillo del día.

Mientras sentía el frescor de esos barrios,en el límite entre Curridabat y Tres Ríos, evaluó, una vez más, sus opciones de continuar como presidente de la Asamblea Legislativa.

La noche del lunes estuvo en la casa del director ejecutivo del Congreso, Antonio Ayales, con sus compañeros del Directorio. Con Ayales se llevó bien, a diferencia de sus antecesores.

El sopor en el rostro y la satisfacción, a su gusto, del deber cumplido, lo llevaron a prepararse para las últimas horas en la presidencia que Liberación Nacional le dio, y que hoy le quita, sin un gracias, sin un solo guiño y sin premios.

La recompensa está en su familia, a la que ha descuidado para contener a unos no menos complicados diputados, mientras sus hijos esperan que tenga un poquito más de tiempo para estar con ellos, y lo mismo desea su esposa, Ingrid.

Baño, traje y otro cigarro. El sueño a punto de acabar, la ilusión de ostentar el máximo cargo de un diputado, se le va yendo como el humo que sale de su boca.

Un año entero en medio de disputas lo deja marcado: más paciente, más prudente y mucho menos confiado.

Santi, su hijo de siete años, es un “Emilito” de sonrisa pronta, dispuesto a decirle a su maestra que “ese señor, don Gerardo (Villanueva), no tiene los 31 votos que dijo”.

Sufre presas, como todos, en la Florencio del Castillo y, aunque presidente del Primer Poder de la República, corre por las aulas del colegio de su hijo porque “¡uy, qué torta!”, ya llegó tarde.

Granados no ostenta ni su puesto ni sus trajes: uno negro del año pasado para hoy y camisa blanca de tres mayos.

En la barbería Dinastía se cortó el pelo con el primo del esposo de la diputada del PLN Siany Villalobos, que le dio consejos para afrontar el abandono liberacionista.

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Periódicos, café y más tabaco. Se informó apenas para terminar el último día entre reuniones, y el apoyo resignado de Rita Chaves y Martín Monestel, inseparables.

Ayer, hasta para tirarse en un sillón le dio a Granados. Sin llantos, que ya lo ha regañado mucho Rebeca, su hija, por ser tan llorón.

Los toros, mejor desde la barrera, decía con su mirada, mientras sentía la soledad del Castillo Azul, sin cajas, sin visitas, sin reuniones.

A Granados, al menos, sí le dio tiempo de irse a la cama anoche, consciente de que hoy no le tocará llorar otra vez.

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Aarón Sequeira

aaron.sequeira@nacion.com

Periodista de Política

Periodista encargado de la cobertura legislativa en la sección de Política. Bachiller en Filología Clásica de la Universidad de Costa Rica. Investiga y escribe sobre negociaciones políticas, pactos partidarios y proyectos de ley de impacto nacional.

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