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“Flashmobs” educativos

Actualizado el 30 de enero de 2013 a las 12:00 am

Los flashmobs transforman espacios públicos en espacios educativos

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Los “flashmobs”, un neologismo que se podría traducir como ‘multitudes rápidas’, están apareciendo cada vez con más frecuencia.

Se trata de acciones organizadas en la que un grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y se retira.

Uno de los primeros “flashmobs” de los que tuve noticia fue en la estación central de tren de Antwerp en Bélgica en el año 2009. Con solo dos ensayos, 200 bailarines interpretaron una coreografía de 4 minutos con la música de la canción “Do, re, mi” de la película La novicia rebelde , ante la mirada sorprendida y divertida de los transeúntes.

Dos muy recientes han sido en Costa Rica. Uno en noviembre pasado, cuando algunos músicos y bailarines tomaron por sorpresa al público en la plaza de la Cultura en San José e interpretaron el Vals de las Flores, del ballet “El cascanueces” de Peter Ilich Tchaicovsky.

El otro, en diciembre, frente al Edificio del Correo; la protagonista fue la Orquesta Filarmónica interpretando algunos villancicos . Estos “flashmobs” que menciono aquí y muchos otros, pueden ser apreciados en el sitio Youtube.

Los “flashmobs” han demostrado que tienen un gran poder para promocionar eventos, actividades, organizaciones, ideas y productos y, a juzgar por la curiosidad, el involucramiento y el disfrute del público, me parece que tienen un enorme potencial educativo.

Por lo innovador e inesperado, generan interés, y por ser tan cortos, dejan un deseo de ver y saber más: excelentes condiciones iniciales para el aprendizaje. Además, permiten llevar a la práctica dos ideas muy relevantes para la educación actual: transformar los espacios públicos en espacios educativos e involucrar y comprometer al grupo familiar en el aprendizaje mutuo.

Si a este panorama le adicionamos la posibilidad de utilizar dispositivos personales móviles con fines didácticos tendremos una estrategia muy potente y pertinente para complementar el sistema educativo.

En el caso de los dispositivos móviles, y tal como sugerí en estas mismas páginas en febrero de 2012 en el artículo “Apps Educativas” se abre una gran oportunidad en educación para diseñar aplicaciones educativas para tecnologías móviles, en castellano y de acuerdo a nuestra realidad y objetivos.

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Una “app” (diminutivo del inglés application: aplicación) es un programa computacional diseñado para ayudarles a las personas a ejecutar una actividad.

En general se refieren a programas para los nuevos dispositivos móviles como las tabletas y los teléfonos inteligentes.

Faltaría en este atractivo e innovador escenario lo fundamental: un equipo interdisciplinario de personas con el conocimiento, la visión, y la formación para proponer los objetivos, contenidos y valores para un “flashmob” educativo; cuidadosamente diseñar las apps que sean apropiadas, proponer la didáctica para el momento y uso de cada recurso, realizar la ejecución artística seleccionada, apoyar al público en reconocer lo aprendido, proponer formas para dar seguimiento.

Pienso en un equipo interdisciplinario de pedagogos, docentes, artistas dramáticos, musicales, plásticos, dramaturgos, directores de escena, cuentacuen- tistas, narradores, copleros, animadores de comunidades virtuales (community managers), diseñadores digitales y muchas personas voluntarias que realmente quieran participar en un proyecto educativo innovador y atractivo.

Los espacios públicos están allí; las tecnologías también, y mucha gente tiene una a mano. Tenemos el conocimiento y el talento. ¿Qué nos falta?

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