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Estultocracia

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Hace pocos días circuló la noticia de que tres hermanos, originarios de otro país árabe, fueron expulsados de Arabia Saudita porque el ministro encargado de proteger la virtud en ese estado democrático –categoría obligada de los socios feudales de EE. UU.– consideró que la extraordinaria belleza masculina de aquellos musulmanes es tan perturbadora que resulta obscena. ¿Qué alimentos ingerirá ese varonil ministro para mantener incólume su perturbada virilidad?

Se trata, veremos, de un caso más de estultegia –de stultus, estúpido en latín–, esa epidemia que también infecta a la burocracia tica. Claro que si el fundamentalista religioso más influyente de nuestro país –el poderoso diputado Justo Orozco– quisiera expulsar de la Asamblea Legislativa a los legisladores demasiado corrongos, no encontraría ni uno: al menos esa es la opinión de una amiga nuestra que se jacta de poseer un sentido estético infalible. “Por el contrario”, dijo ella, “si Justo se la tomara contra los feos, nunca volverían a tener quórum”.

De modo que la estultegia que padece nuestra burocracia estatal, y ya comienza a contagiar a la del sector privado, es de una cepa diferente.

Veamos, por ejemplo, el ataque de estultofilia que víctimizó a los seudojerarcas de sexta línea del INS y del ICE el día en que decidieron exigirle a quien se presente a realizar ciertas gestiones no solo mostrar la cédula de identidad –lo cual es tanto lógico como legal–, sino también aportar fotocopias de ambos lados de ese documento. ¿No es eso una estultorrea que solo tiene el efecto que engordar inútilmente archivos y expedientes? Justo es decir que, a diferencia del ICE, donde el usuario tiene que depositar un óbolo en la caja de una fotocopiadora privada, en el INS la institución misma corre con el gasto.

¿Sabrán los jerarcas de verdad en cuánto le sale esa estulta broma a la institución? (Siempre nos queda a los químicos la posibilidad de llegar a sintetizar la estultina, una sustancia inyectable capaz de fortalecer en algo los cerebros de los estúpidos, medicamento inútil, eso sí, en la CCSS, donde le exigen, a quien vaya a inscribirse en un EBAIS, que demuestre su sitio de residencia presentando tres recibos, uno de electricidad, uno de teléfono y otro de agua: es decir, se deja morir en media calle a quien, siendo asegurado de carne y hueso, no recibe a su nombre las tres facturas).

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Más aterrador: cuando la confección de hologramas sea barata, cada vez que un burócrata revise un expediente ¿querrá sentarse delante del holograma del usuario como si estuviera hablando con su madre en el comedor de la casa?

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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