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Neurocientíficos buscan la ‘musicalidad’ en el ADN

Estudiar música no mejora el coeficiente intelectual

Actualizado el 19 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Experto dice que aprender a tocar un instrumento no implica ‘buenas notas’

Eso sí, cerebros de músicos son idóneos para ver la plasticidad de este órgano

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                         Gabriela Mora Fallas, joven costarricense que este domingo dirigió la Orquesta del Conservatorio de Boston, estudió música desde niña. | ALEJANDRA VARGAS
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Gabriela Mora Fallas, joven costarricense que este domingo dirigió la Orquesta del Conservatorio de Boston, estudió música desde niña. | ALEJANDRA VARGAS

Boston. Estudiar música cambia el cerebro y lo hace de forma irreversible. Ejecutarla cada día es como hacer periódicamente una actualización del sistema operativo de la cabeza y mantener las neuronas en forma y en constante “conversación”.

Eso suena muy bien y ha seducido a cientos de padres alrededor de todo el mundo para ‘meter’ a sus hijos en clases de música y con ello fortalecer su cerebro y hacerlos más inteligentes. Lo cierto es que si su intención es subirles puntos en la escala del coeficiente intelectual, podrían estar perdiendo su tiempo y también... su dinero.

Ante el asombro de la audiencia, el científico canadiense Glenn Schellenberg, dijo ayer en la reunión anual de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS) que las clases de música pueden ser estimulantes para niños, pero que “no hay mucha evidencia de que puedan mejorar sus calificaciones”.

Schellenberg, psicólogo de la Universidad de Toronto, asegura que sus análisis hasta ahora muestran que los niños que toman clases de música tienden a ser más conscientes y abiertos a nuevas experiencias que otros no músicos.

Sin embargo, estos son los mismos rasgos de personalidad que se asocian con niños de alto coeficiente intelectual y a quienes les va bien en la escuela de por sí. De modo que podría ser que ya tenían esa habilidad y no necesariamente se relaciona con el aprendizaje musical.

“Siendo así, el vínculo entre el conocimiento y la formación musical sugerido por algunos estudios previos desaparece”, dijo el experto, y añadió: “Justificar la enseñanza de la música en función de sus efectos indirectos en dominios no relacionados con los musicales es una completa pérdida de tiempo. Tan absurdo como decir que la música sería irrelevante o inútil sin esos beneficios no musicales”.

Ahora bien, nadie está diciendo que los niños deban dejar de tomar clases de instrumentos o canto, ni mucho menos que hay que disuadirlos de disfrutar de la música. Lo que el experto sugiere es que no se le atribuyan “poderes mágicos”. Es decir, la práctica de una hora extra de piano no se puede traducir en coeficiente intelectual extra.

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El neuropsicólogo Daniel Levitin, autor del libro This Is Your Brain On Music, lo matiza un poco. “¿El músico nace o se hace?”, interrumpe el público.

Él considera que los humanos somos todos un poco musicales y asegura que “casi todos conocemos a alguien que ama la música y se conmueve profundamente con la música”. Sin embargo, hay quizá un 10% de personas que no lo entienden (o no lo logran).

Lamentablemente, Levitin reconoce que aún no existen pruebas que puedan ayudar a predecir si un niño podría llegar a sobresalir en la música para decir, por ejemplo, qué tipo de instrumento o formación musical podría ser óptima para él. Indica incluso que se puso a prueba un instrumento para medir la aptitud musical con los actuales músicos de la Filarmónica de Los Ángeles y, a pesar de lo bien que suena la orquesta, más de la mitad de ellos tuvo “notas rojas”.

El cómo evaluar qué es ser buen músico pasa por analizar qué tipo de instrumento ejecuta, qué habilidades tiene (afinación, ritmo, coordinación, entre otras) y además, qué se entiende por ser bueno en la música. La llamada ‘musicalidad’, que tiene que ver con la habilidad del intérprete para hacer ejecuciones que transmitan sentimientos, podría ser muy subjetiva.

Levitin dijo que, en su parecer, la música es de las mejores formas de expresión humanas. “No hay sociedad que se halla descubierto que no tuviera música”, expresó y la evidencia indica que algunos de más antiguos artefactos humanos son flautas de hueso y restos de tambores de unos 50.000 años.

Es más, la música ayuda a crear vínculos. “El que estudia música nunca más en su vida va a estar solo. Tiene a Chopin o a Mozart al alcance de sus dedos, pero, además, tendrá siempre la oportunidad de hacer vínculos instantáneos con instrumentistas de otros países, incluso cuando ni siquiera puedan hablarse”, dijo Levitin y concluyó: “Al mundo no le hace ningún mal tener más gente ‘enganchada’ con el arte”.

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