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Estudiantes fantasmas

Actualizado el 16 de abril de 2013 a las 12:00 am

La estrategia del MEP de controlar irregularidades es adecuada aunque insuficiente

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A inicios de este año (19/1/2013) y en días recientes (7/4/2013 y 8/4/2013), La Nación publicó varios interesantes reportajes acerca de los “estudiantes fantasmas”, término utilizado para designar la práctica de alterar las cifras de estudiantes matriculados en que habrían incurrido ciertos directores de escuelas y colegios, con el fin de obtener más recursos del Ministerio de Educación Pública (MEP) y, sobre todo, mejores remuneraciones.

El origen de estos reportajes fue precisamente una auditoría llevada a cabo por el MEP entre abril y junio del 2012, en planteles seleccionados de primaria y secundaria, con el fin de identificar posibles irregularidades en el reporte de la matrícula.

Tras auditar el 28,2 por ciento de las escuelas y el 37,4 por ciento de los colegios públicos, el MEP encontró una inconsistencia en la matrícula de 2 por ciento en las primeras y de 8 por ciento en las segundas. De ser aplicados a todo el sistema educativo, esos porcentajes representarían alrededor de 34.000 alumnos fantasmas y elevarían de manera ficticia las coberturas en primaria y secundaria en 1,8 y 6 puntos porcentuales, respectivamente.

Perspectiva histórica. Para comprender adecuadamente el problema planteado, lo primero que se debe tener claro es que, desde el siglo XIX, en el sistema educativo costarricense hay diferencias entre la matrícula inicial y el número de estudiantes que efectivamente asisten a las aulas. Por tanto, es probable que todo estudio efectuado varias semanas después de iniciadas las clases encuentre que el total de alumnos inscritos no coincide con el de quienes efectivamente concurren a escuelas y colegios.

La brecha entre matriculados y asistentes se explica no solo por la deserción, sino también por errores administrativos. Además, el día en que se realiza la auditoría (o la inspección, en otras épocas), quizá algunos estudiantes que habitualmente asisten no están presentes por enfermedad o por otras razones.

Ahora bien, la innovación ocurrida en los últimos años fue que el MEP, en su justificado afán por incrementar la cobertura, estableció una serie de incentivos económicos en función de rangos de matrícula basados en diferencias mínimas. En pocas palabras, en planteles cuya matrícula inicial los deja muy cerca del rango siguiente, declarar unos pocos estudiantes fantasmas bastaría para alcanzar el rango inmediato superior con los beneficios adicionales que eso implica.

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Debe recordarse que tales incentivos operan en un contexto en el que, como resultado del cambio demográfico (envejecimiento de la población), el número de niños en edad escolar (7-12 años) se ha reducido, entre los años 2000 y 2011, en más de 50.000 personas. En el caso de los jóvenes en edad colegial (13-17 años), su número, en el periodo referido, ha tendido al estancamiento, con una ligera tendencia a la disminución.

Ejercicio imaginativo. En los reportajes más recientes publicados por La Nación se realizó un ejercicio muy imaginativo, que consistió en comparar las cifras de matrícula del MEP del 2011 con el total de estudiantes de escuelas y colegios públicos consignados en el Censo Nacional de ese mismo año. El resultado fue que, en esos niveles de enseñanza, habría 735.546 alumnos según el MEP y 694.728 de acuerdo con el Censo, por lo que, en primaria, el total de alumnos fantasmas ascendería a 22.593 y en secundaria a 18.225, para un total de 40.818.

Pese a la cuidadosa metodología utilizada, el equipo de La Nación incurrió en un error, cual fue no considerar que todo censo tiene siempre un porcentaje de omisión. En el caso del Censo del 2011, la omisión fue del 6,2 por ciento. Si dicha proporción se aplica a los 694.728 estudiantes de escuelas y colegios determinada con base en los datos censales, la cifra corregida (737.801 alumnos) supera a la del MEP.

En razón de lo anterior, la fuente más confiable –pese a sus debilidades y limitaciones– para determinar el número de los estudiantes fantasmas, es la auditoría realizada por el MEP en el 2012.

Si se presume que todas las inconsistencias entre la matrícula reportada y los resultados auditados son producto de alteraciones deliberadas de los directores, el total de estudiantes fantasmas ascendería a unas 9.500 personas (el impacto máximo en las coberturas de primaria y secundaria sería aumentarlas respectivamente en 0,5 y 2,3 puntos porcentuales).

Contra tal presunción se ha manifestado el propio ministro Leonardo Garnier, al reconocer que, salvo por casos excepcionales, no es posible determinar si hubo alteración deliberada de la matrícula. Este reconocimiento es importante porque las diferencias entre la matrícula reportada y los resultados auditados podrían obedecer a factores inherentes a la marcha normal de los establecimientos educativos.

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Controles. La estrategia del MEP de controlar las posibles irregularidades mediante la ampliación de los rangos de matrícula que permiten pasar de un nivel a otro (con los beneficios adicionales consiguientes) es adecuada, aunque insuficiente.

Tal medida debería combinarse con la creación de expedientes electrónicos de todos los estudiantes de primaria y secundaria y el reforzamiento de las labores de inspección realizadas por el MEP.

Con respecto a esto último, sería conveniente que, en correspondencia con la tradición puesta en práctica entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, los informes de los inspectores actuales fueran publicados en pdf , en la página del MEP en Internet.

En fin, es posible que haya estudiantes fantasmas, pero su número parece ser bastante menor que el que se desprende de los reportajes publicados por La Nación . Por el momento, la única que puede saber exactamente cuántos son es la célebre Ofelia Corrales, aunque la comunicación con ella, en las actuales circunstancias, puede presentar algunos ligeros inconvenientes.

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