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EDITORIAL

Esperanzas y realidades en Levante

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

La admisión de Palestina como “Estado observador no miembro en las Naciones Unidas” recibió amplio apoyo de la Asamblea General de la organización

El voto de Costa Rica merece especial reconocimiento por poner en perspectiva el fondo y propósito del paso sometido a consideración de la Asamblea

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Una serie de eventos recientes complican un panorama de por sí difícil para la consecución de la paz en el Cercano Oriente. Los enfrentamientos bélicos entre Israel y Hamás en Gaza, unidos a la escalada de la guerra en Siria, la conexa inestabilidad en Líbano, la incertidumbre en torno a los derroteros de Egipto y las andanzas desestabilizadoras de Irán, conforman las barreras para la paz, la libertad y la democracia en esa zona turbulenta.

Con este trasfondo, el jueves último, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conoció una iniciativa para convertir a Palestina en “Estado observador no miembro en las Naciones Unidas”, aprobada por una holgada mayoría. El voto favorable de Costa Rica merece especial reconocimiento por haber puesto en su debida perspectiva el fondo y propósito del paso sometido a consideración de la Asamblea.

Al respecto, nuestro embajador en la ONU, Eduardo Ulibarri, expresó que “los actuales dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y de Israel merecen nuestro apoyo. Ellos son legítimas alternativas al terrorismo, al extremismo y los múltiples actores interesados en frustrar la paz”. Asimismo, el embajador Ulibarri afirmó: “Costa Rica enfatiza que la paz será el fruto de las voces moderadas que aceptan la coexistencia, lado a lado, de dos Estados independientes con territorios seguros, y fronteras seguras, mutuamente acordadas y reconocidas”.

Este pronunciamiento contrasta con las recetas extremistas que suelen transformar los foros de la ONU en plataforma para la propalación de ideas antidemocráticas. De esta forma, Costa Rica ha rechazado –y rechazó en esta Asamblea– las vías violentas propugnadas por muchos Gobiernos ahí representados.

La importancia de este mensaje la subrayan, además, los antecedentes históricos de la pugna interna palestina y del modelo de enfrentamiento promovido por algunas de sus corrientes.

Como antecedente de suma relevancia está la reciente confrontación en Gaza y, sobre todo, la temprana cesación del fuego gestada gracias a la mediación egipcia. Por un lado, el grupo radical Hamás, que gobierna dictatorialmente en Gaza y rechaza la existencia del Estado judío, reclamó la victoria ufanándose de haber lanzado miles de cohetes provistos por Irán sobre la población civil del sur de Israel. Por su parte, Israel hizo gala de una avanzada tecnología que impidió el curso del 85% de esos misiles, amén de la destrucción de centenares de puntos claves en Gaza por la aviación hebrea.

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De mayor trascendencia fue que, al final del día, los temas medulares del aislamiento palestino quedaron relegados a negociaciones futuras en Cairo. Sin embargo, nada de eso fue obstáculo para que los dirigentes de Hamás se lanzaran a festejar su supuesto logro. Con ello, pretendieron opacar la figura del presidente de la ANP Mahmud Abbas, heredero de Yasser Arafat, que administra los territorios de la margen occidental del río Jordán y ha rechazado la vía del terrorismo, propia de Hamás, en favor de negociaciones directas con Israel. Abbas y sus colaboradores fueron derrotados por Hamás en elecciones locales en Gaza y expulsados violentamente de esa zona en el 2007.

La creciente rivalidad entre Hamás y la ANP por representar al conglomerado palestino no ha podido ser superada pese a infructuosos intentos de reconciliación, algunos muy recientes. De esta forma, un 45% de la población palestina se encuentra bajo el régimen islamista de Hamás en Gaza, en tanto la mayoría –55 %– es gobernada por la ANP en sus territorios. Israel optó, unilateralmente, por retirarse de Gaza en agosto del 2005 durante el gobierno de Ariel Sharón.

Con el desenlace inconcluso del enfrentamiento con Israel, los líderes de Hamás, tutelados por Irán, emprendieron una campaña de propaganda elogiando su éxito bélico de cara al paralizado curso de las negociaciones de Abbas con Israel.

Por su parte, la ANP venía gestionando su admisión a la ONU como Estado pleno. Este proceso no prosperó debido, sobre todo, al veto de EE. UU. y algunos aliados europeos en el Consejo de Seguridad con vista en los compromisos suscritos con Israel, en particular los pertinentes a límites territoriales.

Al final, Abbas escogió la vía de un Estado “observador” en la ONU, lograda el jueves. Este paso desató una intensa propaganda de la ANP, ahora en claro contraste con las pretensiones de Hamás. Así como Abbas apoyó a Hamás en la reciente pugna con Israel, ahora Hamás da señales de respaldo a la ANP. Pero no debemos llamarnos a engaño. El radicalismo de Hamás no se calma con procedimientos diplomáticos, que sus jefes en el fondo desprecian. La ANP e Israel tienen ante sí una difícil y compleja tarea.

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