Archivo

Especial: “¡Dímelo otra vez!”

Actualizado el 10 de febrero de 2013 a las 12:00 am

El cine romántico es una mezcla de imágenes y frases inolvidables, perlas enhebradas que, al recordarlas, hacen la vida más llevadera

Archivo

Especial: “¡Dímelo otra vez!”

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Por cada sonrisa, una lágrima. En las últimas butacas, en penumbras o a oscuras, se aprende a amar. Solo los amores imposibles son eternos, pero los amantes se van cuando la película acaba, emocionados aún por aquel abrazo, la postrer despedida y los besos de leche y pan.

En la secuencia final de Cinema Paraíso , el protagonista, Totó, se deleita al contemplar los besos más apasionados de la pantalla, aquellos que coleccionó y guardó para él su mentor Alfredo. Eran cortos de cine mudo y en esos tiempos un beso decía más que mil palabras.

Con la llegada del cine sonoro, en 1927, ya los amantes podían decirse toda suerte de zalamerías. Desde entonces, al impacto de las imágenes se le sumaría el de los diálogos, sobre todo los románticos.

Hace varios años, el Instituto de Cine Americano reunió a 1.500 críticos, directores y actores para seleccionar las cien mejores frases o diálogos; los expertos escogieron cien.

Como no podía ser de otra manera, la lista la encabeza el cínico de Rett Butler (Clark Gable) en el adiós a Scarlett O’Hara (Vivien Leigh), que se las hizo de cuadritos al galán en Lo que el viento se llevó . Harto de sus necedades, Rett le informa que se irá y ella le pregunta: “¿Si tú te marchas que va a ser de mí?”; él lo piensa, masculla unas frases, la mira con hastío y dice: “Francamente querida, me importa un bledo”. En lenguaje vernáculo sería hoy “¡Jodete!”

Menos zafio es Humphrey Bogart, en el papel de Dixon Steele, un guionista falsamente acusado de homicidio en el filme En un lugar solitario . El crimen es el telón de fondo para explorar el “amor loco” entre este perdedor y su bella vecina Laurel Gray (Gloria Grahame). El día que ella lo mandó a la porra, él la evoca así: “Nací cuando ella me besó, morí el día en que me abandonó, y viví el tiempo en que me amó”.

¿Y usted? ¿Cuántas veces, para escapar de la realidad, se metió una tarde al cine, alquiló un video o pescó una buena película en la tele que le restauró el corazón, le azucaró el espíritu y le devolvió las ganas de amar?

PUBLICIDAD

Ahora que se cumplen 200 años de la publicación de Orgullo y prejuicio , la celebérrima novela de Jane Austen llevada al cine en el 2005, es válido repetir lo que afirma Darcy Fitzwilliam (Mathew Macfadyen) cuando le pide a Elizabeht (Keira Knightley) que se case con él: “Usted ha embrujado mi cuerpo y mi alma, la amo, la amo y la amo, y ya nada podrá separarme de usted”.

Pero el amor es algo más que sentir mariposas en el estómago; es duro, áspero y tercamente realista. Así lo define Caye, la prostituta de Princesas , ante su colega Zulema: “El amor es que te vayan a buscar a la salida' El resto es todo una mierda, ni flores, ni anillos' Por mí se lo pueden meter todo por el culo, pero que te vayan a buscar a la salida”.

Hay diálogos tan crudos como el que se cruzan los profesores Gregory (Jeff Bridges) y Rose (Barbra Streisand) en El amor tiene dos caras :

–Te quiero aunque seas guapa'

–Tranquilo, todo se caerá cuando me haga vieja.

Cuando la dosis se pasa, el enamorado pierde el juicio, tal como exclama, en Juana, la loca , Pilar López: “Loca porque te quiero hasta la locura. Loca porque quiero que seas mío. Loca porque no quiero que busques en otra lo que yo sé darte y me sobra. Loca, loca, loca de amor. Eso es, loca”.

Algo similar le ocurrió en Una mente brillante a John Nash (Russell Crowe), un genio víctima de esquizofrenia paranoide, que confiesa a su esposa Alicia (Jennifer Connelly) su visión matemática del amor: “Siempre he creído en los números', pero solo en las ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica' Tú eres mi única razón de ser. Eres todas las razones.”

El cine está lleno de frase románticas, diálogos inmortales y triviales, historias increíbles sostenidas solo por los sentimientos que erizan a los enamorados, que se escurren entre las butacas y escuchan el silencio que los une. 1

  • Comparta este artículo
Archivo

Especial: “¡Dímelo otra vez!”

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota