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Esforzadas mamás son las admiradoras de sus estrellas

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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Esforzadas mamás son las admiradoras de sus estrellas

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Correr con los quehaceres del hogar y olvidarse de las ganas de dormir un poquito más tarde los sábados son cosa fácil cuando se trata de apoyar a sus estrellas favoritas.

Así es la entrega de las mamás de los pequeños que forman parte de las clases de movimiento creativo que imparte el programa Margarita Esquivel, en el Hospital Nacional de Niños.

Con tal de que ellos estén puntuales en sus lecciones, las mamás se adaptan a todo. Se levantan a las 5 a. m., dejan listo el almuerzo del resto de la familia, la casa limpia, se alistan, preparan lo que sus artistas necesitan y, luego emprenden el camino hacia el hospital.

De camino, además de lidiar con la irregularidad de las aceras y la falta de rampas para transitar con sus pequeños en sillas de ruedas, estas esforzadas mamás deben lidiar con la discriminación de choferes de bus y taxistas que, indiferentes a las necesidades especiales de los muchachos, han llegado al punto de no detenerse en las paradas de bus, o de presionarlas cuando estas tratan de subir a los chiquitos en sus vehículos.

Les ha sucedido a todas, independientemente de dónde vengan: tanto a las de Desamparados, como a las de Coronado, a las de Alajuela y a las de Cartago.

Sin embargo, para ellas todo este sacrificio desaparece con la sonrisa de sus niños y el despampanante brillo que inunda sus ojos cuando estos tienen un espectáculo.

“Nosotros lloramos siempre. Cuando la veo en el escenario, me bajan las lágrimas; cuando reviso las fotos y los videos, lloro otra vez, así las vea muchas veces”, dijo Elizabeth Solano, mamá de Natalia Rodríguez.

Desde una silla fuera de la sala donde los chiquitos toman sus clases, Hazel Vásquez hace un llamado: “Ojalá que esta noticia se lea en todo lado, porque en el barrio donde yo vivo hay gente que todavía piensa que ellos no tienen derechos. Cuando hablamos de sus clases, la gente se nos queda viendo como si estuviéramos locas. Ya es hora de vencer esas barreras, que la gente deje de verlos con cara de lástima o de miedo. Es hora de que empiecen a notar sus capacidades, no sus discapacidades. Como nosotras, la gente debe sentirse orgullosa”.

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