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Envejecer inteligente

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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¿Será que los seres humanos le tememos a la vejez y por ello evitamos prepararnos para la tercera edad? ¿Estarán los Gobiernos cometiendo el error reflejo de evadir el tener que enfrentar los desafíos del envejecimiento de la población en Costa Rica? O peor aún, ¿será que seguimos siendo un país apaga incendios con la pésima práctica de no anticiparse a los problemas de fondo?

Sea cual fuere la respuesta, lo cierto es que, de no tomar medidas, y aún estamos a tiempo, tenemos una bomba que nos puede estallar en nuestras narices y nadie podrá declararse inocente.

Los últimos censos y las Encuestas de Hogares, entre otros, muestran cómo la menor mortalidad y natalidad están impactando nuestra pirámide poblacional, lo que plantea grandes desafíos a las instituciones, infraestructura social y políticas públicas.

El porcentaje de personas mayores de 65 años en relación con la población total se viene incrementando aceleradamente, pasando de un tradicional 4% más o menos constante de 1950 a 1990, a un 6% a partir del 2000, para el 2025 será de un 10% y para el 2050, de un 17%.

Actualmente el Gobierno contribuye con el 50% del consumo de las personas mayores de 65 años, y el restante 50% es cubierto en gran medida por las transferencias generacionales (hijos), un sistema cuyo sostenibilidad es cuestionable en el futuro de cara a la disminución de la población en edad productiva y el número más limitado de hijos por familia.

Programas como el de Ciudadano de Oro de la CCSS, la Ley Integral para el Adulto Mayor, la creación del Conapam (Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor), así como la red de cuido, son medidas importantes, pero aún insuficientes por sus alcances y los limitados recursos asignados.

A nivel gubernamental, se requieren reformas más profundas en el tema de pensiones y anticiparse a las nuevas necesidades de vivienda y mayor demanda de recursos en salud. También se deben incentivar más hábitos de vida saludable, de ahorro, así como garantizar un ambiente para la inversión de mediano y largo plazo.

Debemos romper con una cultura suicida en la que para los mayores de 40 años es cada vez más difícil encontrar empleo. No solo renunciamos a su ahorro y contribuciones al sistema social, también estamos prescindiendo de su experiencia, tan valorada por las sociedades orientales.

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A nivel personal, recomiendo escuchar a Jane Fonda (TEDx) y su recomendación de romper con la visión occidental de la vida como un arco y verla como una escalera ascendente en que las personas que viven su “tercer acto” son más completas, felices y auténticas.

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