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Actualizado el 30 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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¡Caramba! Así, como si tal cosa, el gobierno creó una norma para clasificar el rango de los presidentes que nos visitan: “Dime qué clase de asueto te doy y te diré cuán importante eres”. Viene Obama y todo Chepe para la choza. Ese es el asuetazo especial para la primera clase: todo el sector público quedito y centro de la ciudad acordonado. Viene el presidente Xi Jinpin de China y, bueno, luego de algunas dudas, concedemos un “asuetín”: algunas partes de San José y ciertos funcionarios a guardarse. Mensaje: no es lo mismo que Obama, pero ¡diay! siga tratando y un día de estos le subimos de clase. Viene el presidente del Perú, México o algún centroamericano y ni asuetazo ni asuetín: con costos un par de tombos con sirena para que el bus de Alajuela se quite cuando vaya para el hotel. Y que ni mates haga. Como uñas: ¿en qué categoría clasificará la Merkel si viene?

Es que no somos nada: viene un señor y se paraliza el centro neurálgico del país. Escala de país, dirán los expertos. Necesidades de seguridad, dirán los otros. De acuerdo, pero seguimos siendo nadita. Cualquier cascarita nos atora. Y, como en estos últimos meses la Cancillería ha sido particularmente exitosa y el país ha sido anfitrión de una seguidilla de visitantes ilustres, supongo que el 2013 pasará a la historia, a falta de otras destacadas metas, como el año récord en asuetos. O así.

Sin embaro, como en toda historia, el borracho dobló por el callejón. Estos asuetos nos revelan otro asunto, este sí realmente importante: la fragilidad infraestructural de nuestra estabilidad social. Pensemos: ¿por qué es necesario dar asueto? Porque las comunicaciones de este país, los desplazamientos más importantes de personas y mercancías, dependen de muy pocas vías. Bloquéelas y ¡cataplún!, se murió el amor. Si uno quisiera revolver albóndigas la cosa es facilísima: taponee cuatro puntos al mismo tiempo y el país infarta. Imaginen esta estrategia: bloqueo o destrucción del puente del Virilla en Tibás; cierre en Ochomogo, cierre la General Cañas (ponga al Conavi a “arreglar” el puente de la platina) y cierre de la 27 también a la altura del Virilla.

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Piensen ahora en un evento catastrófico que destruya estas pocas arterias vitales y la posibilidad de que muchos lleguen a los hospitales, clínicas o, simplemente, a sus casas, estará muy comprometida. Es imperdonable que un país que apuesta a la modernización tenga tal fragilidad. Uno puede reírse de los asuetos y todo pero el tema de fondo nada tiene de chistoso. Una cuestión básica de nuestra supervivencia es la redundancia de nuestras infraestructuras, de modo que siempre tengamos más de una sola manera de llegar a los puntos vitales.

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