Archivo

Enfoque

Actualizado el 28 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Archivo

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Da uno algunas vueltillas por ahí y empieza a ver lo de siempre, rotulitos y calcomanías al estilo de: "Vote por la 8"; "Fulanito diputado" y demás sesudos mensajes electorales que nos recuerdan, ¡oh cielos!, que la política tradicional sigue allí en nuestros barrios, pueblitos y montañas y muy a sus anchas. Y seguirá impertérrita pues hay un pequeño ejército de operadores que sabe que su futuro depende de mover clientelas a fin de lograr la diputación de turno, el puesto en el Gobierno o retener una cuota de poder que luego intercambiará por influencias. A pesar del descrédito de la política, siempre hay una proporción del electorado que juega a lo tradicional.

Ocurre también en otros países: una tercera parte del electorado italiano vota a Berlusconi, pese a la bancarrota moral del personaje y a su responsabilidad en la crisis de ese país.

Pregunta de diván: ¿por qué si la vieja política está desacreditada, conserva tanto arraigo entre la gente? Cuando digo gente no solo hablo del roquito de la esquina, sino también del señor empresario que financia bajo la mesa a politiquillos. ¿Por qué? Hay obviamente un tema de intereses: algunos logran buenas ventajas apostándole a lo de siempre. Sin embargo, esta no es una buena explicación: muchos apoyan la política tradicional sin esperar nada a cambio. Hay también miedo a lo nuevo: para no poca gente, malo conocido es mejor que bueno por conocer.

Y, en el caso de la política tica, esa incertidumbre empeora porque los dizque abanderados del cambio han hecho todo lo necesario para que el raído statu quo se vea hasta atractivo. Aún así, es difícil pensar que todo se explica por un tema de miedos. Entonces, ¿qué? ¿Sadomasoquismo?

Una vez más Vargas hace una pregunta y esconde la mano. No tengo una buena respuesta para lo que es un verdadero enigma para mí. Supongo que para muchos lo importante es, para decirlo en corto, que haya paz, pan y trabajo. Si eso más o menos llega a la mesa, seguirán por el mismo sendero aunque refunfuñen, en voz alta o baja. Tenemos un electorado berreador, pero en zona de confort. De este instinto conservador se aprovechan los maestros de la política tradicional, aquí, en Estados Unidos o en Venezuela. Con esto no argumento que las cosas deban empeorar para que la gente “abra los ojos” y un cambio sea posible. ¿Abrir los ojos si ya los tiene abiertos? Muchos al menos intuyen que la política tradicional no tiene futuro pero seguirán sentados hasta que alguien como ellos, su vecino, o su madre, los convenza de que habrá más pan, paz y trabajo si rompen con lo viejo. Pero ello supone implicar a muchos dirigentes locales, la infantería de la política tradicional, y ahí topamos con cerca.

  • Comparta este artículo
Archivo

Enfoque

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota