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Actualizado el 24 de enero de 2013 a las 12:00 am

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De las 97 recomendaciones del Informe de la Comisión de Notables, las de más calado son las que propugnan un régimen semipresidencialista. ¿En qué consiste? Hay muchas variedades pero el subtipo que los notables recomiendan se acerca al llamado “presidencialismo parlamentario”. En él se sigue votando por aparte para diputados y presidente; este nombra y remueve a los ministros, como ahora, pero el gabinete puede ser disuelto también por el Congreso. Pueden haber elecciones anticipadas. Los notables no crean la figura de un primer ministro y así evitan el problema del Ejecutivo dividido (cohabitación de presidente y primer ministro de partidos diferentes).

Hay más de 40 países que han experimentado con el semipresidencialismo en las últimas décadas. La pregunta es ¿qué tal funciona? Cuando se propone un cambio así no solo hay que pregonar bondades sino también ver la práctica, para evitar irnos con todo. La investigación comparada no es muy abundante pero reporta hallazgos importantes: en el semipresidencialismo los gobiernos son más inestables que en el parlamentarismo (se caen y hay elecciones anticipadas). Para evitar este efecto es necesario modificar el sistema electoral y desincentivar la fragmentación partidaria. Es crítico calibrar los poderes que retiene el Ejecutivo. Asimismo, no protege mucho a los gobiernos frente a crisis económicas, los gobiernos de coalición son frecuentes y las crisis partidarias se traen abajo gobiernos. En resumen, la inestabilidad gubernamental es un efecto no deseado si no se hacen ajustes paralelos en el sistema electoral y en los poderes de la Presidencia.

Desde la perspectiva de la reforma política posible, yo no iniciaría la discusión por este tema. El eventual tránsito hacia el semipresidencialismo requiere, como vimos, de precondiciones. Si empezamos por ahí, no salimos. Seleccionaría algunas pocas recomendaciones para conformar “un primer paso” que mejore cosas que no funcionan bien. Convertiría el informe en una hoja de ruta gradual, con fases temáticas definidas, dejando para el final la modificación de régimen político. ¿Mis candidatos para el primer paso? Cada maestrillo con su librillo: atacaría el filibusterismo parlamentario, haría un lifting al Ejecutivo, fortalecería la rendición de cuentas y abriría a la participación ciudadana. Medidas como fortalecer el Ministerio de la Presidencia, cambios en la contratación administrativa y reforma del MOPT, ajustes al reglamento legislativo, voto nominal de diputados (mi cosecha), limitar consulta facultativa de constitucionalidad y el Consejo Económico Social. Si se aprobaran, el próximo gobierno tendría mejores condiciones de partida y podríamos entrarle a temas más complejos.

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