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Actualizado el 17 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Partidos políticos, sectores sociales y articulistas le han arreado duro a la Comisión de Notables conformada para hacer recomendaciones sobre la gobernabilidad del país. Detalle: su informe no ha sido presentado. Por eso, suave López, leamos primero y luego critiquemos.

No me convence el dicho de que: “No he leído lo que escribió pero no estoy de acuerdo”. ¿Va o no en serio la crítica? Si es seria debe ser informada, reflexiva: ello le permite ser devastadora, si toca. Pero la crítica que dispara desde la cintura no es de recibo. Otra cuestión es si la estrategia de comunicación seguida fue correcta. Creo que filtrar contenidos antes de presentar el informe aumentó el riesgo de que todo el esfuerzo quede abortado, nonato. Veremos, digo yo, que soy un pipirimiope.

Con todo, el tema que comentar es otro. En los últimos días la discusión pública ha estado muy concentrada en temas electorales: el hundimiento del Titanic ("Los Arias"); las elucubraciones de si Johnny Araya es o no el inevitable próximo presidente y los esfuerzos de grupos opositores por formar un frente unido antiliberacionista, todos culebrones políticos (luego vuelvo a esto).

Confieso, sin embargo, el morbo que me producen dos cosas. Primero, esperar las piruetas de los dirigentes de la estructura liberacionista, sólidamente arista, para acomodarse al nuevo jefe. El desfonde de don Rodrigo los dejó en el aire pero ¡diay! sus carreras dependen ahora de agachar las orejas. Segundo, esperar la nueva teoría que suplantará aquella que decía que “Los Arias” dictaban el rumbo del país por ser los representantes del neoliberalismo mundial. ¿Cómo explicar lo que pasó? Me como las uñas.

Dije que los acontecimientos recientes son culebrones políticos. Me explico. Las heridas del sistema político siguen tan vivas como antes; nada ha cambiado. Seguimos con partidos débiles, no representativos, en ocasiones hasta sin ideario, líderes con poco arrastre y una ciudadanía más fría con la política que lágrima de pinguino. Gane quien gane en 2014 (y alguien ganará), el sistema político seguirá descansando sobre forúnculos purulentos. El gran tema aquí es si algunas recomendaciones de los Notables son útiles y aplicables. Por otra parte, son culebrones porque en nada mejoran la probabilidad de enfrentar los graves problemas que padecemos: la crisis de la Caja, la situación fiscal, las dificultades para generar empleo decente, entre otros.

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Estas son las cosas que no debiéramos perder de vista mientras nos dopamos con la adrenalina electoral. O mejor aún, debiéramos obligar a los partidos a pronunciarse sobre esos desafíos que aquejan al país. Lo mediático no es lo importante.

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