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Actualizado el 22 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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Los políticos poderosos siempre tratarán de colocar fichas en la Sala Constitucional para lograr una integración favorable a sus intereses. Ni que fueran Carmelitas Descalzas para renunciar de partida a cotas de influencia en un órgano con tanto poder como ese. Pero una cosa es querer y otra poder: una seña de profundo deterioro de la política es cuando los que mueven los hilos hacen chapuzas. Si las “autoridades políticas superiores” anduviesen finas, habrían entendido, pensando a lo Maquiavelo, que lo más conveniente para ellos era llenar las vacantes que se producirían a corto plazo en la Sala y pactar los reemplazos, “uno pa’tí y otro pa’mí”. Ir llenándola, sotto voce, con “personas seguras”. Otra vaina es que lo lograran, pues también hay muchos ojos ciudadanos vigilantes, pero una cosa es una jugada de billar y otra un elefante en una cristalería.

Antes de desatar la jauría, los que manejan los hilos en Liberación, el PUSC y el Libertario debieron haber pensado: con una clima político tan encrespado, ¿qué es más efectivo, la sutileza o el acto violento? No pensaron y pasó lo que pasó: el puñetazo en la mesa que era deshacerse del magistrado Cruz sin mayor explicación sustantiva o procedimental terminó en lo contrario, un indicador de debilidad y aislamiento en vez de una señal de poder. ¿Por qué? Al desnudar su urgencia por limitar al Poder Judicial y por desatender demandas sociales a favor de una institucionalidad despartidizada provocaron un conflicto de poderes, afectaron la legitimidad de varios partidos en una época preelectoral y desacreditaron al Gobierno. En palabras de Talleyrand: peor que un crimen, cometieron un error, algo imperdonable en el mundo del poder.

Aun sacando al magistrado Cruz, las autoridades políticas superiores ya perdieron. Muy poco interesan las justificaciones que ahora entonan diputados y allegados. Mejor pusieran un regueton como ruido de fondo. Teorías tan enjundiosas como “quisimos mandar una señal” no caben en una democracia como la nuestra: deliberen, persuadan, pero no apliquen la mayoría mecánica.

No termino de sorprenderme de cómo los desaguisados en la oposición son correspondidos por metidas de pata de parte de Liberación Nacional, que profundizan las divisiones en ese partido. En vez de enviar una señal, los diputados de esa mayoría y sus autoridades superiores recibieron una muy clara de la ciudadanía: ¡queremos enterrar la vieja política!

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Podrían empezar mejorando el proceso de escoger y reelegir magistrados, hoy un proceso arcano que pide a gritos transparencia y altura.

Si quieren reformar las competencias de la Sala IV, deliberen, pero no metan gato por liebre.

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