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Actualizado el 05 de julio de 2012 a las 12:00 am

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Compostura, señores y señoras. Una buena dosis de mesura nos ayudaría a deshacer entuertos. Estamos acumulando errores que pueden costarnos caro. El primer episodio de destemplanza es el pulso político sobre las cartas del vicepresidente Liberman y el ministro Garnier para la firma PROCESOS, ligada al exministro Herrero y su esposa, respecto de un contrato de Recope. La Procuraduría de la Ética encontró que violaban principios de la ética en la función pública. Sin dilaciones, la oposición exigió guillotina para ambos, muchos demandan sangre y el Gobierno desacreditó el informe. Como no rodaron cabezas, los proyectos prioritarios se bloquearon en el Congreso. O sea, terminó sonando el país.

A mí, los linchamientos no me gustan. El Informe de la Procuraduría no es un fallo judicial. Es eso, un informe. Ahora corresponde oír los descargos de Liberman y Garnier. Sus cartas son muy distintas y es vital no obviar esas diferencias. Ojalá Presidencia ponderase esto para encontrar respuestas finas. Por su parte, el Congreso no debe ametrallar tieso y parejo. Hechos, los malditos hechos, debemos cuidar que las respuestas políticas sean proporcionales a ellos. Pero de este juego del todo o nada, o el Gobierno sale destruido o las oposiciones desacreditadas (o ambas) y, en cualquier caso, la Procuraduría debilitada por este pulso. No conviene. Hay opciones, decapitar no es la única, y nada quita seguir escarbando los contratos “dulces” con el Estado.

El segundo episodio de destemplanza es la respuesta del Gobierno de Costa Rica a la sentencia condenatoria de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) al país por supuesto daño ambiental en el caso de la trocha fronteriza. Nunca hemos reconocido la competencia de este organismo, por lo que avisamos que no aceptaríamos su fallo. Sin embargo, cuando vino la previsible condenatoria, nos faltó serenidad para reiterar lo dicho, que la corte ni pinchaba ni cortaba. Tampoco reafirmamos que, pese a ella, Costa Rica seguirá siendo un influyente actor en las cosas importantes de la integración regional. ¿Qué hicimos? Nos rasgamos las vestiduras denunciando a la Corte (¿para qué?) y anunciamos que nuestra participación en los órganos de la integración regional puede ser congelada. Idiay, ¿no era que la CCJ podía decir misa? Esta reacción puede producir un curioso resultado: que la sentencia de un órgano inútil termine por aislarnos del resto de Centroamérica. ¿Por qué permitir que la CCJ condicione nuestra política exterior?

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En ambos casos, el del informe de la Procuraduría de la Ética y el de la CCJ, necesitamos cabeza fría. Los acontecimientos se nos están saliendo de las manos.

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