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Actualizado el 28 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Propongo a los señores del Gobierno y de los taxis que graben un video de la última protesta, incluyendo el acuerdo de hacer caer el peso de la ley a los porteadores. Que lo editen y le pongan efectos especiales. Así, la próxima vez que anuncien una huelga (de las pocas cosas ciertas en esta vida es que el Gobierno incumplirá), ahorrarán tiempo y esfuerzo. En vez de salir a las calles, proyectarían el video de la protesta anterior en cadena nacional de medios. Lo único nuevo que tendrían que hacer es reunirse por ahí de las 3 de la tarde con el MOPT y firmar un nuevo acuerdo. Sin embargo, el video no se desactualizaría, pues de fijo ese acuerdo será igual que el anterior.

Idea revolucionaria: ¿por qué no sustituir protestas recicladas por videoclips? La protesta virtual sería ideal para casos que se reiteran hasta el hartazgo. Imagínense: para sentirse en huelga usted instala un app en su celular y vive la dramática situación de un paro muellero. Igual podría hacerse con las marchas cívicas de los maestros por el rescate de la educación. Sin embargo, no se crea que este innovador método solo sirve para protestas sindicales. Lo mismo podrían hacer las cámaras empresariales. Previniendo una discusión fiscal, el de la Cámara de Comercio graba declaraciones, que son siempre las mismas, de que la libre empresa está en peligro y que no se deben poner nuevos impuestos.

Podríamos aplicarlo a temas públicos como la platina o la concesión de la carretera a San Ramón, que no se mueven. Funcionarios grabarían videos con las diez mejores excusas y, como un reloj, se proyectarían cada cierto tiempo. Los llamados a constituir un gobierno de notables (una dictadura de los honestos) emergen aproximadamente cada ocho años; producen petardos para la galería y todo queda en anécdota. Pues bien, cero esfuerzo: cada ocho años reciclaríamos los llamados previos y punto. En el fondo, se trata de no hacer perder el tiempo a la gente. Respeto elemental.

Despejada la agenda diaria de lo reiterativo, millones tendrían tiempo para poner cabeza en temas importantes. Y vaya que si tenemos asuntos para ponderar. ¿Por qué nuestra economía crece rápido, pese a nuestro disfuncional sistema político y a la incertidumbre global? ¿Cómo hacemos más eficiente nuestro sistema de contratación pública? ¿Cómo damos un fuerte empujón hacia la carbono neutralidad para el 2021, compromiso internacional del Gobierno?

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Ahora que un nuevo proceso electoral se avecina, la sociedad debiera discutir vigorosamente estos y otros temas para evitar que la nada total se apodere de la política. De lo contrario, quizá hasta sea más útil pregrabar la campaña y que los que quieran, bajen el app a su celular.

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