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Actualizado el 31 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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Hay más compostura en un pleito de cantina que en nuestros partidos. Los diputados del PAC se pelean entre ellos. Los libertarios hacen lo mismo. Los del PUSC toman el té con la presidenta, a la que se comían viva días atrás. Los del PASE, sentados en el Directorio legislativo, ponen las dos mejillas a Liberación, al que despellejaban hace poco. Mientras las oposiciones cometen suicidio, la interna liberacionista se encrespa con una lucha de precandidatos que promete sangre. ¡Quién entiende! Pese a no poder negar la paternidad sobre un Gobierno mal evaluado, el partido oficialista está en mejor pie que los de la acera de enfrente. Ni suda. Quizá sea porque estos hacen todo y más para que el PLN vuelva a ganar en 2014.

Estamos, con Alicia, en el país de las maravillas, ahí donde nada es lo que parece ser. Sin embargo, esto importa un pito a las mayorías ciudadanas, crecientes, alienadas de la política y presas del discurso fácil de la antipolítica (“todos son iguales”). De esto ya hemos hablado, solo que el vodevil continúa in crescendo, impertérrito a las señales de que algo grueso se cuece en Costa Rica. No solo está cayendo en picada la valoración del Gobierno, sino la confianza ciudadana en las instituciones y el apoyo a la democracia.

En este contexto, la debacle de la trocha 1856, bien retratada por Manuel Rojas (Diario Extra 29/05/2012), deprime la moral colectiva y alimenta el cinismo ciudadano. Por cierto, quiero ver cuántas empresas corruptas se van en la tira, además de los ingenieros del Conavi. Importante dar un mensaje a los contratistas de obra pública para que pongan las barbas en remojo. Y, si nada pasa, propongo entonces repartirnos los bienes públicos con alguna regla más justa (¿qué tal un bingo?). Por si acaso, pido parte del ICE.

“Pero, Vargas –puede decirse– estos problemas no solo pasan aquí”. En Grecia celebrarán nuevas elecciones porque en las previas nadie ganó. En España el recién estrenado gobierno está en la lona, con un sistema financiero en alas de cucaracha. Por donde uno mire, hay un abismo entre ciudadanos y política que vacía de contenido las democracias, reducidas a rituales mediante los cuales se elige a gobernantes pero no a quienes mandan. La política solo interesa a un pequeño grupo de operadores y clientelas, pero las ciudadanías sienten que no los representa, que los dados están cargados. No solo aquí.

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Mal de muchos, consuelo de tontos. La política no solo puede hacerse desde los partidos sino ejercitando derechos ciudadanos. El “cobrador de la Caja”, desde su blog, hace política cívica, obliga a muchos a correr. El cabreo no basta, aunque sea cómodo y hasta funcional al pleito de cantina de los partidos.

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