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Elecciones enEstados Unidos

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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El proceso electoral en Estados Unidos constituye un foco de atención importante. Desde la coyuntura internacional, las elecciones en Estados Unidos se enmarcan dentro de la situación crítica de la economía internacional, donde destaca por ejemplo la inestabilidad de la eurozona, la desaceleración de la economía mundial y de países emergentes, como el caso de China, Brasil, evidenciado en los informes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en sus reuniones anuales.

Para el mes de setiembre, los reportes indican que el desempleo en Estados Unidos bajó al 7,8%. La historia política norteamericana muestra que la última vez que un presidente asumió el cargo con tasas de desempleo de más del 8 por ciento, fue en 1932, cuando Franklin Delano Roosevelt heredó las consecuencias de la caída de la bolsa en 1929.

Comparativamente la situación económica, heredada por el presidente Obama en varios aspectos es similar, como ha sido expuesto por Ken Rogoff y Carmen Reinhart, economistas de la Universidad de Harvard, las crisis financieras tienen características particulares y periodos de recuperación largos (un ejemplo es la crisis en Costa Rica y la región en la década de los ochenta, cuyos efectos son conocidos como “la década perdida de América Latina”).

La crisis 2008-2009 en Estados Unidos tuvo origen en los excesos de la administración Bush, quien ha estado ausente en la Convención Republicana. A pesar de los pronósticos negativos de muchos a fines del 2009, las políticas adoptadas evitaron una gran depresión y ha conducido a un lento crecimiento de la economía. En los últimos 24 meses, se han creado 4,4 millones de empleos en Estados Unidos, el mercado bursátil se recuperó y los precios de las viviendas están creciendo nuevamente. El índice de actividad económica de Brookings Instution-Financial Times (Tiger-Tracking Indices for the Global Economic Recovery), coloca a la economía de EE. UU. como el punto “más brillante en la economía mundial” ante la amenaza eminente de una nueva recesión mundial. (Financial Times, 7 de Octubre, 2012. “Economic recovery ‘on the ropes’ por Chris Giles).

Frente a este panorama, la campaña electoral cobra mayor trascendencia. El candidato republicano, Mitt Romney se ha caracterizado por ser un político que ha mostrado capacidad de diálogo y trabajo, sin embargo los resultados muestran que el público considera a Romney poco identificado con sus vidas y despreocupado con sus desafíos e intereses. Aunado a estas percepciones, recientemente se filtró a la esfera pública un comentario realizado por el candidato republicano en una reunión de donantes de la campaña, donde expresó que el 47% de los ciudadanos se ven a sí mismos como víctimas dependientes del Gobierno, provocando el descontento de un sector de la población estadounidense.

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Producto de la situación generada el candidato ha tratado de retractarse. No obstante es interesante notar, que los estados que reciben ayuda neta del Gobierno Federal de los Estados Unidos tienden a votar por el Partido Republicano y aquellos que presentan superávit tienden a votar por los demócratas.

La candidatura de Romney se caracteriza por cambios constantes en su posición proyectando inestabilidad en sus decisiones, o bien por ofrecer detalles generales de las propuestas, sin hacer explícito cómo ejecutarlos.

Desde el punto de vista económico, el candidato republicano se ha enfocado en la política fiscal y su propuesta es recortar las tasas de impuestos a un 20%. Es una propuesta sin muchos detalles, que según cálculos de expertos independientes, es incongruente con su promesa de que las reformas fiscales será ingreso neutral, es decir que el déficit no aumentará.

El argumento tradicional a favor de la reducción de la tasa de impuestos es que las personas trabajarán más al verse incentivadas a hacerlo al recibir cada mes ingresos después de impuestos mayores, impulsando la economía, a su vez generando mayor actividad económica imponible e ingresos al fisco. Estas propuestas se hicieron populares cuando las tasas marginales de impuestos eran tan altas, alrededor de un 70%. Sin embargo, existe cierto consenso entre los economistas que los recortes en las tasas actuales no generan un aumento significativo en los incentivos a trabajar y ni en los ingresos al fisco. Por ejemplo, cuando pregunto a mis alumnos de maestría, si ellos trabajarían menos, en caso de que las tasas fueran un poco más altas, ellos admiten que no, ya que a cierto nivel no sólo es el ingreso después de impuestos lo que motiva a las personas. Igualmente, es poco probable que Mitt Romney cuando fundó Bain Capital, hubiese trabajado menos con tasas impositivas mayores.

El entusiasmo republicano a la reducción de impuestos, sin embargo, no se aplica a la reforma de Romney. Esto se debe a que sus planes se fundamentan en tipos impositivos estatutarios, es decir, los escritos en la ley, mientras que la pérdida de las deducciones (necesaria en una propuesta que busca que los ingresos totales no cambien) probablemente dejará sin cambios los tipos marginales efectivos (la parte de cada dólar adicional de ingreso que realmente se paga). Por ejemplo, si se reduce el impuesto de renta, pero se introduce un impuesto sobre los intereses a las hipotecas (en Estados Unidos no se paga impuestos sobre cierto monto de los intereses a las hipotecas) de tal forma que la recaudación del fisco sea la misma, el ingreso disponible a final del mes para cada ciudadano, con el cual se toman las decisiones de consumo o ahorro, de trabajar más o menos, es el mismo. Bajar las tasas impositivas obligatorias, mientras que se amplía la base imponible general no es de esperar que cambie significativamente los desincentivos al trabajo, debido a que no produce cambios en las tasas efectivas a pagar.

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Ahora, en efecto esta reforma puede hacer el sistema más fácil y transparente, pero difícilmente la propuesta pueda cumplir los efectos que se esperan, mucho menos vislumbra la propuesta reducir déficit fiscal en Estados Unidos.

A manera de ejemplo, y recordando que correlaciones no siempre implican relaciones causales, las reducciones de impuestos en el gobierno de Bush no aumentaron los ingresos al fisco; el aumento de los impuestos en el gobierno de Clinton estuvo asociado a superávit fiscales, creciente actividad económica y las menores tasas de desempleo observadas en Estados Unidos en décadas. Lamentablemente sobre este tema, no se han ofrecido detalles para que los votantes puedan generar sus propias opiniones.

Por su parte, la reforma del sistema tributario sigue siendo una prioridad importante en Estados Unidos. La ampliación de la base tributaria es fundamental para muchas de las propuestas, incluidas por ejemplo la de la comisión de déficit Simpson-Bowles.

La lógica de estas reformas es que para recaudar más ingresos, hay que eliminar los incentivos perversos creados por el código tributario.

En realidad, no se tiene claridad en lo que se quiere hacer. Y esto ilustra la debilidad que ha tenido Romney en sus propuestas como candidato.

Falta menos de un mes para la elección y conocer la decisión final de la ciudadanía, con lo que se definiría el panorama de los próximos años de los Estados Unidos. Los aspirantes a llegar a la Casa Blanca deberán tener propuestas claras tanto para la atención de situaciones internas como externas, además de superar el obstáculo, que no es ajeno a ninguna sociedad, la apatía de los votantes y el abstencionismo.

Dra. Laura Alfaro Maykall . Catedrática. Universidad de Harvard

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