Édgar Mohs:‘Los cargos importantes están en manos de incompetentes’, dice el exministro

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Édgar Mohs ha sido privilegiado. Con sus lentes de médico, vio quebrarse los gráficos de mortalidad infantil y vio extinguirse muchas enfermedades desde los 23 años, cuando se unió al grupo que universalizó la seguridad social. Dirigió el Hospital Nacional de Niños durante 30 años; fue pionero y es defensor de las ahora polémicas investigaciones biomédicas y ha sido partícipe en los principales cónclaves políticos de las últimas décadas desde el Ejecutivo, el Legislativo y el servicio exterior.

En el 2013, tras años de ajustes y reestructuraciones, luchas gremiales, desgaste y desmotivación, las cifras de la seguridad social ya no brillan igual. Cuando Mohs asumió la Dirección del Hospital de Niños, ganaba ¢5.000 y el abogado del Hospital trabajaba ad honorem . Mucho han cambiado la función pública y la sociedad.

“Como dice Vargas Llosa, la superficialidad nos ha invadido en todo: política, entretenimiento, arte o medios de comunicación. No es solo problema de falta de lectura y de escritura horrorosa, si no que termina incidiendo en el cerebro porque las ideas se vuelven desordenadas, superficiales y contradictorias”. –¿Qué se ha transformado más en estos diez años?

–El estancamiento y el retroceso general me sorprenden. Cuesta mucho que se decida algo, y todavía más difícil es implementarlo.

– ¿Qué lo produce: incapacidad, falta de voluntad para crear consensos o desconfianza en lo político?

–Parte del problema está en lo difícil de navegar en el mar de leyes, reglamentos y disposiciones. A otros niveles, hay negligencia y una parálisis provocada por el miedo a equivocarse. Es como el principio de Peter generalizado: a los mejores se les presenta una oportunidad y dejan la institución; los que no son buenos no se van, y van ascendiendo hasta llegar a ser jefes por inercia, no porque estén capacitados.

{^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-02-17/RevistaDominical/Articulos/RD1702-ENTREVISTA/RD1702-ENTREVISTA-quote|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} – ¿La Costa Rica del 2013 no está siendo guiada por meritocracia sino por mediocracia?

– Me parece y es lamentable. Me parece que parte del personal está estancando o haciendo retroceder a su institución. – ¿Tienen razón los costarricenses en estar hastiados?

– Pienso más en términos de decepción, frustración, desilusión. Como quien es traicionado por alguien muy querido, por esos ídolos que después los defraudaron. En cierta forma, el grueso de los ticos entró en una etapa de depresión.

– ¿Depresión colectiva?

– Sí, porque estas cosas se contagian, como los virus. Y la gente por medio del ‘boca a boca’, de las noticias, va sufriendo un contagio, se va resfriando y al final tenemos una especie de parálisis y de amargura. – ¿Cuál es la medicina?

– El deporte nacional ya no es el futbol, sino el quejarse de todo. Nos hace falta dedicar más tiempo para analizar temas con seriedad. La decepción de la política podría amortiguarse si la gente tratara de ejercer actividades políticas, de ponerse de acuerdo y organizarse en sus comunidades. En grupo se logra más que aisladamente y mucho más que quejándose. – Fue de la generación que universalizó los servicios de salud y luego los programas de ajuste y reestructuración.

– Los recursos no son el problema más importante, porque cuando hicimos el proceso de universalización del seguro social en los 70, teníamos un ingreso per cápita de $500 y se hicieron permanentes los programas de vacunación, se combatió la diarrea, se extendió el servicio de agua potable y de letrinización a todo el país. Ahora tenemos un IPC de $9.000. No quiero decir que el recurso disponible sea suficiente, pero antes había una generación comprometida y que generaba ideas. – Empiezan a aparecer diferentes grupos con diagnósticos y propuestas.

– Después de un largo ayuno, no son funcionarios, ni partidos políticos, ni sindicatos los que han venido a ponernos ideas sobre la mesa. Han sido ciudadanos y eso me parece esperanzador. Es distinto a la tónica que prevaleció en los últimos 20 años de pedir estudios sobre algo que ya había sido estudiado para luego engavetarlo. Lo que pasó en el 70 tuvo una inspiración que fue don Pepe , con esa manera profunda y audaz. Uno necesita inspiración. – ¿Hay alguien en el panorama político para el 2014 con capacidad para inspirar?

– No se me ocurre. Hay, pero no participan. Ha habido como estampida de la política que ha dejado los cargos importantes en manos de personas incompetentes. Conozco a personas talentosas, y llenas de ideas, y hay que convencerlas. Nadie puede transformar el país desde afuera de la política.

Dedicó muchos años a la gestión, pero como médico ¿le quedó un vacío por no haberse dedicado a un área de especialización?

– En realidad no, porque me ha gustado todo. Hice estudios en infectología y bacteriología, estuve 37 años en el Hospital de Niños, publiqué más de 200 artículos científicos, fui docente y di más de 500 conferencias en 84 países para dar a conocer lo que hicimos y traer experiencias. Llegué a la política por accidente. – ¿Por qué dice que llegó a la política por accidente?

– Analizando reingresos (de 1.500, reingresaban 200, porque en las comunidades no había condiciones para mantener la salud), el doctor Carlos Sáenz me dijo que, para remover esas causas, había que ir al Ministerio de Salud y en 1970 me nombraron viceministro. Sobre ese proceso, empecé a escribir en 1982 el artículo: ‘Enfermedades infecciosas y salud en CR: el desarrollo de un nuevo paradigma’, donde explico cómo logramos reducir la mortalidad y controlar y erradicar enfermedades en pocos años. Es importante porque el doctor Lars Hanson, quien había venido al país y conocía los resultados, me estimuló para que escribiera la experiencia y lo usó como base para nominar a Costa Rica para el premio Nobel de la Paz en 1983 , por haber dedicado sus recursos, tras la abolición del ejército, a educación y salud, y haber obtenido resultados sin precedentes.

– ¿El premio Nobel no era para Óscar Arias?

– Originalmente no, porque en 1983 Óscar Arias no era presidente ni había Plan de Paz; era para Costa Rica. De hecho Hanson la postuló cuatro veces, pero algunos amigos le contaron que el Nobel nunca se le había dado a un país y que era mejor personificar. Entonces, él pensó que quien podía personificar a todo un pueblo era su presidente y, en ese momento, el presidente era Óscar Arias.

– Es decir, que Arias le puso la cereza al pastel.

– Claro, él hace una contribución importante; se le da por el Plan de Paz, pero también por la abolición del ejército y el uso de esos fondos para salud y educación. Hanson explica eso en 1988. Han pasado 25 años y había pensado que nunca hablaría sobre este tema.

– ¿Por qué 25 años después?

– Pretendo que se sepa que el profesor Lars Hanson, impresionado por lo que había conocido de nuestro país, presentó la candidatura de Costa Rica para el Nobel y lo hizo durante cinco años consecutivos, fue él quien tuvo la idea y habló en centenares de conferencias sobre el premio que él creía que merecía el país.

– ¿Cómo se cayeron todos esos méritos del Hospital de Niños? ¿Cómo llegamos a los problemas de mortalidad en cardiología pediátrica o en desnutrición crónica? ¿Habrá que volver a empezar?

– Nos hemos estancado; pero, afortunadamente, lo que se hizo fue de tal fortaleza que no se cayó ni con la crisis de los 80.

– El problema de la mortalidad en la cardiología pediátrica se evidenció en el 2011. ¿Cuántos cardiólogos envió a capacitarse?

– Cuando dejé el Hospital en el 2001, había dejado ahí a Roberto Galva, Carlos Silva y Gerardo Mora; de ahí en adelante, le correspondía al que siguió. – ¿Cuántas investigaciones clínicas hubo con usted de director?

– La gran mayoría de ellas. Lo que más trascendió fue la rehidratación oral porque se volvió internacional.

– ¿Cómo funcionaban?

– En el 70 y pico, el doctor Elías Jiménez y yo creamos el Comité de Bioética y la Unidad de Investigación, con base en un código. Los investigadores presentaban sus proyectos a la Unidad, la que los discutía con el Comité para aprobarlos.

– ¿Con empresas?

– No, en esa época era con los recursos normales del Hospital. En la década de 1960, cada año morían por diarrea y deshidratación 1.500 menores de un año. En la década de los 80, esa cifra bajó a 15. Al principio, la enfermera preparaba uno a uno, el suero glucosado añadiéndole potasio, sodio, etcétera, con jeringa, y se aplicaba gota a gota. Uno de los grandes cambios fue buscar cómo preparar los sueros industrialmente.

”El doctor Pablo Sibaja le enseñó a montones de enfermeras cómo coger las venitas deshidratadas. En eso estábamos cuando me llamaron de la Universidad de Maryland porque querían investigar hidratación oral. Ya lo habían hecho allí y en Bangladesh y querían hacerlo en otro contexto. Vinieron, mostraron el protocolo y presentamos un primer estudio, se aprobó y se hizo. Ellos tenían financiamiento para importar solución, equipo y sus gastos pero no había beneficios personales para nadie, excepto para algunas enfermeras. El doctor Daniel Pizarro se entusiasmó con el proyecto y esto dio origen a cantidades de artículos. La revista Lancet dijo que era una de las mayores contribuciones de este siglo.

– ¿Qué más, aparte de rehidratación oral?

– Hematología. En esa época, teníamos claro que ya no era diarreas, desnutrición ni sarampión lo que iba a matar a los niños, sino enfermedades más complejas. Entonces nos asociamos con el hospital de Niños de Memphis (St. Jude) para que nos ayudaran a mejorar el tratamiento de las leucemias, ya que casi el 100% se moría.

– ¿Probaron medicamentos con niños?

– Ellos nos dieron los protocolos y los comenzamos a usar con nuestros niños. De 100% de muertes, pasamos a 20% en pocos años. Eso dio origen a muchas publicaciones.

– ¿Alguna investigación dentro del patrón de que venga una farmacéutica y pida probar medicamentos?

– Sí, se hicieron con los procedimientos establecidos en todas partes de que el hospital debe tener una Unidad de Investigación, un Comité de Bioética y un Código de Ética. Pasando por esos filtros, se hizo con algunos antibióticos y algunos de quimioterapia. El doctor Francisco Lobo adaptó varios protocolos de Esatdos Unidos para que se usaran aquí y también logró espectaculares resultados.

– La diputada María Eugenia Venegas (PAC) ha interpuesto un centenar de mociones al proyecto de ley 1777 (Investigaciones biomédicas) porque dice que el proyecto es permisivo y que detrás está la industria farmacéutica.

– En nuestro caso, solos no podíamos enfrentar las enfermedades crónicas muy complejas. ¿Qué podíamos hacer? Asociarnos con centros más desarrollados para aprender de ellos y beneficiarnos.

– Está hablando de casos exitosos, pero ¿sucedió eso en todos los casos?

– Sí, en todos los casos.

–En África, hay historias de farmacéuticas que llegan a probar sin protocolo y los pacientes mueren.

– Algunos imaginan que hay médicos perversos que cogen a los niños como conejillos de indias y les comienzan a inyectar cosas; estos se mueren y nadie dice nada. Eso nunca ocurrió aquí y eso no lo hubiera permitido ninguno de nosotros. – ¿Recibieron comisiones o privilegios de las farmacéuticas?

– Nunca. La Caja (CCSS) nunca concibió que hubiera un presupuesto para financiar investigaciones. La tecnología nos la daban universidades y los recursos, a veces, una empresa farmacéutica. – ¿Cuáles empresas en aquella época? – Varias, recuerdo a Roche y Pfizer. Se les presentaba un presupuesto y, si lo aprobaban, había dinero para equipo, materiales, horas extra para enfermeras y honorarios para médicos y microbiólogos.

”Pero todo absolutamente transparente, aprobado por el Comité de Investigación e incluía un 20% para el Centro de Enseñanza e Investigación de la CCSS (Cendeiss) el responsable de supervisión y control”. – ¿En qué rango de presupuestos? ¿$1 millón?

– Nunca vi esa cifra en un presupuesto. Había de $10.000; otros de $60.000. Ahora, dos centros que conozco, uno en adultos y otro en niños, tienen su propia organización porque ya no son de la CCSS. – ¿Está usted asociado con su sobrino Adriano Arguedas Mohs en el Instituto de Investigaciones Pediátricas o en investigaciones clínicas?

– No. Ese instituto comenzó con mi participación, pero nominal. Él tuvo la idea de formar un instituto porque estudió en Estados Unidos, donde esto es lo que se hace normalmente. Cuando llegó al país como pediatra infectólogo, venía con la idea y me pidió ayuda. – Se dice que usted lo apadrinó y financió en investigaciones clínicas desde que él estuvo bajo su cargo en el Hospital de Niños.

– Él participó en investigaciones, pero luego se fue del Hospital y creó su propio instituto privado. Había un antecedente que era el Instituto de Adultos que había hecho Guillermo Rodríguez, y Adriano lo hace para niños y obtiene la venia de la CCSS. – ¿Quién era el presidente ejecutivo de la CCSS? – El Dr. Elías Jiménez. Después se rescinde el contrato con Rodolfo Piza y luego la Sala IV prohíbe la investigación. Yo no tengo relación con el instituto. Ahora que estoy jubilado, podría tener alguna, pero no la tengo.

–¿Tiene usted negocios en Asia? ¿Está dando asesoramiento a las farmacéuticas en el marco del TLC con China?

– No, en absoluto. Me están relacionando con Adriano. Mire, Adriano es el médico costarricense que más publicaciones científicas ha hecho en la historia de Costa Rica, y ha ocupado la posición ejecutiva más alta como el director científico para Asia de una multinacional como Pfizer. Esto que a uno le parece un honor, a otras personas les produce mucha envidia. En el TLC con China, no tuve nada que ver. Las relaciones empiezan con Óscar Arias; diay, solo que alguien me relacione con él y con Bruno Stagno. – Hablando de sus amigos, cuando se retiró Rodrigo Arias se rumoró que el arismo propondría un precandidato alterno y corrió el nombre de Guillermo Zúñiga, pero dicen que en realidad era el suyo el que iban a proponer. ¿Recibió solicitudes del arismo?

– No, ni lo hubiera aceptado. Me costó mucho ser diputado porque mi esposa (Vicky Orlich) no quería. La convencí de que me dejara ir un año.

– ¿Como ficha de Óscar Arias?

– No. Yo conocí a Abel Pacheco antes de irme a México y en el 2001 me pidió que fuera su primer diputado por San José.

”Hice el primer año; luego Abel me pidió uno más y Vicky me dijo que bueno, pero ni un día más”.

– Usted renunció tras una reunión en su casa entre Óscar Arias y Abel Pacheco sobre el TLC con Estados Unidos.

– No, no tuvo nada que ver Óscar Arias en eso. Óscar y yo hemos sido amigos de muchos años por afinidad de ideas.

– Y porque están emparentados ¿o no?

– Tenemos sobrinos en común. ‘Ficha’ quiere decir alguien que uno puede mover a su antojo y yo nunca he sentido que Óscar me mueva a mí ni yo a él. – Se dice que frente a la propuesta calderonista de nominar al doctor Rodolfo Hernández para una eventual coalición, otro grupo lo convocó a usted también.

– En broma he oído eso, pero no; no está en mi carácter. Jamás podría ser buen presidente. – ¿Está de acuerdo con las interpretaciones y nuevas disposiciones para los médicos: marcar tarjeta, sacar disponibilidad y extras de cálculos de cesantía y aguinaldo?

– No tengo nada en contra de la tarjeta o de que uno gane mucho porque trabaja mucho, pero se puede revisar por si hay abusos. Me parece que hay desproporción de salarios porque hay directores de hospital y periféricas ganando entre $20.000 y $25.000 mensuales y sin guardias ni disponibilidad.

”Cuando yo me retiré del hospital, el salario era de $3.500 y había más responsabilidades y se hacía más. La mayoría de los médicos tiene salario modesto”.

– ¿Su pensión es de lujo?

– Tengo una pensión de ¢2 millones.

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