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Economía, ética y religión

Actualizado el 04 de junio de 2012 a las 12:00 am

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En este artículo voy a hacer una afirmación tajante: en el trasfondo de todo razonamiento o pensamiento económico hay uno ético, en el trasfondo del cual, a su vez, hay otro religioso. Pero eso da una impresión estática. Más correctamente, debería decirse: todo razonamiento o pensamiento económico se entrelaza con uno ético, el cual, a su vez, está entrelazado con otro religioso.

Sostengo, además, que la gran mayoría de los economistas costarricenses no reconocen o prefieren no reconocer esos trasfondos y entrelazamientos, entonces ofrecen razonamientos o pensamientos superficiales y simplistas. Así, contribuyen poco a entender y resolver los problemas económicos nacionales; más bien, confunden esos problemas, impiden su solución y los agravan cada vez más.

Los economistas que planteamos lo anterior explícitamente, somos una minoría que suele ser desoída o “invisibilizada”; peor aún, cuando los otros nos toman en cuenta, es casi siempre, para identificarnos, irónicamente, como contribuyentes a los problemas y no a sus soluciones.

Un economista a quien la mayoría respeta, Eduardo Lizano Fait, acaba de abrir la boca para hablar En voz alta, dando una valiosa oportunidad para estimular el pensamiento de todos los demás, tanta la mayoría como la minoría descritas arriba. El doctor Lizano profesor de la disciplina de Economía y expresidente del Banco Central de Costa Rica nos ofrece una colección de estudios, reflexiones y proyectos realizados en el curso de más de veinte años sobre experiencias como laico militante de la Iglesia Católica Romana. En otras palabras, a una obra académica y profesional bien conocida en el campo económico, agrega otra lista de escritos menos conocidos como pensador ético y activista religioso.

Ya yo percibía y admiraba su reconocimiento de las tres esferas de experiencia y pensamiento mencionadas en el título de este artículo, porque fui alumno y breve asistente de don Eduardo durante mis estudios de Economía en la UCR. Pero no tenía referencias numerosas de sus incursiones en la segunda, y menos las de la tercera; como tampoco estaba muy consciente de las implicaciones de la amistad y sentimiento de compañía que él me atribuye en una pequeña nota con que me remitió el documento.

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En todo caso, me siento alentado por la coincidencia explícita de don Eduardo con una especie de campaña larga e insistente que he venido llevando a cabo durante mucho tiempo en La Nación , Semanario Universitario y otros periódicos, sobre un descuido o frialdad que percibo en nuestro gremio sobre cuestiones éticas. Soy de otra confesión religiosa y con inclinación ideológica y metodología de acción distinta, pero no dejo de identificarme con preocupaciones en esa parte de la vida, que contribuye mucho al aspecto ético. Y nunca dejo de recordar que esas tres categorías de ideas fueron destacadas por el propio Adam Smith, fundador de la disciplina de Economía.

Todavía más, ese maestro fue pensador de fama en ética antes que analista económico: su obra Teoría de sentimientos morales antecedió a La riqueza de las naciones ; sus razonamientos de economía siempre fueron en el contexto de su pensamiento ético; y este fue derivado de sus convicciones religiosas. Inclusive hacía una revisión de su teoría moral, antes de morir, en medio de la fama que alcanzó con La riqueza de las naciones , en señal de que subordinaba lo económico a lo ético, como creía Gunnar Myrdal y subrayó Edward Younkins, igual que muchos otros.

Espero que los economistas costarricenses se sientan desafiados a recoger el guante que don Eduardo ha lanzando a sus pies en estos momentos, con claridad y buena fe, cuando Costa Rica bordea el abismo hacia el cual ellos mismos, algunos inconscientemente, otros conscientemente, la han conducido.

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