Arte para beber

Diseños desde la barra

Arte para beber 17 ilustraciones compiten por tentar al espectador con sus homenajes a diferentes bebidas

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Lo primero que debe decirse sobre The Pin-Up Drinks es que no se trata de una exposición, sino de una fiesta. Amigos y conocidos del grupo Poster Punch se unieron para invitar al espectador a degustar los finos licores de su diseño, que se pueden probar con breves sorbos o de un solo trago.

Las imágenes que rodean al comensal en el restaurante Wok & Noodles, en barrio La California, San José, forman la nueva serie que expone el colectivo de diseñadores e ilustradores. Para esta ocasión, se inspiraron en sus bebidas alcohólicas preferidas y en la eterna fijación del arte: el cuerpo femenino.

Bacanal creativa. Poster Punch nació con el restaurante que ha tomado como galería. En el 2010, René Fatjó, Emmanuel Gutiérrez y Eduardo Chang crearon la serie Coma más chino para decorar el local, que sirve comida asiática. La buena acogida del público los impulsó a convocar a más ilustradores para Echate un cuento , una colección sobre cuentos y narraciones.

Para la tercera edición, bautizada The Pin Up Drinks , la idea original era realizar ilustraciones de “chicas tomando guaro”, como relata René Fatjó. Cuando se realizó la convocatoria para los interesados en participar en la muestra, el concepto se pasó del otro lado de la barra: serían mujeres inspiradas en licores.

Las 17 impresiones en giclée (inyección de tinta en alta calidad) fusionan bebidas y mujeres en expresivos afiches, cada uno con un coctel o una bebida que agitara la creatividad de los artistas.

Junto con los tres iniciadores del proyecto, todos los diseñadores vertieron sus habilidades en montajes, ilustraciones, dibujos y fotografías. Ellos son Alberto Barahona, Andrei Bonilla, Nina Cordero, Francini Delgado, María Escobedo, Sarah Laufer, Daniel Mora, Angi Pauly, Noob Saibot, José Sánchez, Alejandro Segura, Daniel Solano, Estefanía Tastan, Bayardo Zepeda y Luis Zúñiga.

“Se propone un tema, pero la ejecución es laxa: el artista lo tuerce y lo distorsiona a su gusto”, explica Fatjó. Para Eduardo Chang, “el póster es interesante como objeto de consumo. Nos parece vital que la gente comprenda que consume estética, diseño y estilos visuales siempre que adquiere algo. Nos interesaba ofrecer productos que pudieran tener y ver en casa”. Así, el póster se convierte en arte al alcance del bolsillo.

Chang explica que “en el mercado del arte, como el artista produce pocas piezas, el objeto único se vuelve más caro. Nuestra idea era hacer algo masivo, sin detrimento para la calidad. Puedo imprimir 1.200 copias de estos pósteres y todas tendrán la misma calidad mientras la máquina esté en las mismas condiciones”.

Mezclas novedosas. Los ensueños de alcohol que exhibe Poster Punch deben su nombre a las pin-up girls , popularizadas en las décadas del treinta y el cuarenta en EE. UU. Se producían imágenes de mujeres seductoras para pegar en la pared: postales, pósteres, estampas y calendarios eran decorados con sugerentes figuras, como las hechas por el pintor peruano Alberto Vargas y el estadounidense Gil Elvgren .

Sobre estas nuevas modelos se descargan las ansias de experimentación y novedad de los diseñadores e ilustradores. Es una iniciativa que funciona como “válvula de escape” para quienes trabajan en el campo publicitario, como relata Andrei Bonilla.

“Poster Punch tiene un alma muy joven, no porque quiera ser radical, sino porque es feliz haciendo lo que le gusta. Busca hacerse grande y atraer mucha gente, no permanecer pequeñito y aparte”, refiere el creador gráfico.

Fatjó relata que a este proyecto lo alimenta una sintonía en los gustos: “Vas conociendo colegas que están en esa misma frecuencia, que producen ese tipo de arte que estás buscando en el exterior. ¿Para qué andás buscando póster de Alphonse Mucha o de Akira Toriyama si aquí hay gente con trabajo increíble, del mismo nivel?”.

Fatjó y Bonilla hablan de un “arte pop 2.0”, una estética acorde con la difusión del audiovisual y la creación gráfica de corte popular. “Nosotros crecimos con Mario Bros. , con Atari, con Internet y con Mortal Kombat . Ya no nos atrae una acuarela de una casita típica ni de un atardecer”, explica Fatjó.

Cocteles para admirar. Con tales referencias en mente y cada trago tan diferente, las aproximaciones a las pin-up drinks son tan disímiles que la personalidad del autor se impone a simple vista.

Eduardo Chang eligió el Cointreau , una marca de triple sec francés elaborado con cáscaras de naranja y de fuerte sabor. Chang se inspira en el aroma y el sabor del licor; así, su chica Cointreau danza, elegante, sobre un fondo naranja.

“Cada trago tiene su carácter, su personalidad. No estás ante un anuncio, sino ante algo más”, explica Andrei Bonilla. Describe el B-52 como un coctel “dulce, tentador, rico, pero que cae pesado”. Así, su B-52 es una modelo que mezcla la seducción con maliciosa coquetería.

La mirada lánguida de la mujer de Imperial , de Daniel Mora, es el recuerdo de una amiga suya a la que relacionó de inmediato con la bebida. Diseños de botellas, anécdotas personales y el sabor mismo son la base para cada figura.

En Jägermeister , Estefanía Tastan juega con la etimología del licor de hierbas alemán. Significa “maestro cazador”, por lo que su chica cubre a medias su cuerpo con piel de venado.

Francini Delgado también juega con el nombre en Bloody Mary , una copa que derrama sangre e historia. Daniel Solano también hace surgir su Martini de la copa como una mujer de fría y feroz mirada.

Midori es más vivaz pues este licor de melón japonés es leído por Angi Pauly como un anuncio publicitario de la nación asiática. En Dom Pérignon , María Escobedo juega con el carácter de la champaña, al presentar una mujer estilizada y rodeada de lujo.

Un sombrío whiskey Blue Label es la base del arte digital de Bayardo Zepeda, y esta tenebrosa mirada aparece en el Tequila calavérico de un artista que firma como Noob Saibot. Más juguetones resultan la vikinga conquistadora de Olafo (una jarra grande de cerveza) , de Luis Zúñiga, la colorida Mojito de Emmanuel Gutiérrez y la fresca aventurera en scooter que Alejandro Segura muestra en Limoncello.

Mezcal , de José Sánchez, recuerda el explosivo efecto del licor, aderezado con el ahumado gusto de un gusano en la botella. En Absenta , Alberto Barahona homenajea la fama del “hada verde”, este licor de hierbas que produce alucinaciones con un ensueño exuberante.

Completan la colección el veraniego Pastís, de Sarah Laufer, con su chica en la playa; el fantasioso Malibú , de René Fatjó, quien considera este coctel el que muchas mujeres toman como primera bebida.

Brindis en conjunto. Eduardo Chang explica que “el proceso de Poster Punch busca la colaboración, no con el afán de hacer piezas colectivas, sino de ayudarnos a completar las obras. Nos enviamos las pruebas para compartir y buscar soluciones a problemas”.

En este equipo, René Fatjó espera reunir a más creadores y cimentar esta plataforma para distribuir el diseño local. “Queremos que se convierta en un medio para que diseñadores muestren su trabajo a otros mercados, incluso en el exterior. Se trataría de una herramienta para exportar a otros mercados el nuevo arte pop : el lado B del arte costarricense”.

Al fin, se trata de explorar la creatividad en todas sus formas. Andrei Bonilla sentencia: “La creatividad le sirve tanto a un agricultor como a un artista. Todo lo que nos rodea fue en alguna vez solo una idea. La creatividad es una herramienta para cambiar la realidad, ojalá en algo positivo”.

The Pin-up Drinks se exhibirá hasta el 31 de agosto en el restaurante Wok & Noodles, 50 metros al sur de la bomba La Primavera, en barrio La California.

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Noticia La Nación: Diseños desde la barra