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Desvocación médica

Actualizado el 27 de junio de 2010 a las 12:00 am

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Mi amiga C. se internó esta semana en uno de los hospitales de la CCSS para una cirugía muy importante: debían removerle un tumor maligno, el cual había sido reducido a un tamaño que permitía su extracción tras varios meses de quimioterapia. Esas son las maravillas de nuestro sistema de seguridad social: salud al alcance de todos, alivio al alcance de todos, esperanza al alcance de todos.

C. no fue operada. La huelga de residentes y de algunos médicos especialistas, lo impidió. A consecuencia del caos y de la cancelación masiva de cirugías y de otros servicios, desde hace días miles de enfermos están siendo privados de su derecho a la salud, al alivio y a la esperanza. La despiadada tortura emocional que implica la suspensión de una cirugía, no es, claro está, el único daño; para muchos de esos enfermos, posiblemente la segunda oportunidad llegará tarde.

El método usado. No cuestionamos el derecho de los médicos de luchar contra algo que consideran injusto; el cuestionamiento, tanto legal como moral, se dirige al método usado. Están infringiendo nuestra normativa que, en consonancia con la pauta mundial, prohíbe la huelga a los trabajadores que prestan un servicio público, dentro de los que destacan, en primera fila, los médicos. Esto es así sencillamente porque el paro de sus labores pone en riesgo la vida de otras personas, es decir, la seguridad de la población. Los medios de presión son connaturales a los pulsos comerciales y laborales comunes como herramienta para obtener los objetivos deseados; pero valerse de los enfermos para extorsionar al Estado con el fin de asegurar la conquista de sus demandas, es inmoral y violatorio de derechos humanos. Para mitigar el daño en alguna medida, los Tribunales deben resolver las peticiones de declaratoria de ilegalidad con toda prontitud.

Ciertamente, la prohibición de huelga coloca a los médicos en una posición laboral sensible, especialmente teniendo en cuenta que el choque de intereses empleado-empleador es inherente a cualquier relación laboral. No sería justo impedirles mejorar sus condiciones solamente porque prestan un servicio público esencial. Por eso el ordenamiento ofrece opciones que les dan acceso a la justicia, lo cual no significa que no existan herramientas más ágiles y efectivas, y es válido que promuevan su promulgación a través de la Asamblea; sin embargo, en este caso concreto, lo correcto es usar los recursos legales vigentes o atender la propuesta sensata que les ha hecho la CCSS.

Los que pagamos. Los huelguistas han perdido de vista que si bien su empleador visible es la Caja, somos los costarricenses quienes pagamos sus salarios y somos los destinatarios de sus servicios. Con su actuar, arrastran al conflicto a la población enferma, que no solo es altamente vulnerable ante ese tipo de estrategias, sino que está indefensa, pues no hay medio de presión a su alcance para hacer valer sus derechos, con consecuencias que pueden ser irreparables. Por la naturaleza de su profesión, nunca un médico debe tomar parte en una acción que directa o indirectamente ponga en riesgo la salud y la vida de quienes están a su cargo. La desatención de un grupo tan frágil de la población, invalida moralmente la huelga; y la posibilidad de que muera un solo paciente es repudiable.

No solo por la prohibición legal de ir a huelga, sino también y principalmente por los sacrificios que implica, la profesión médica es tan dura que, más que ninguna, requiere de vocación; no basta una inclinación, se trata de un irresistible llamado a desvelarse por el bienestar de otros. Esos médicos son dignos de un respeto especial. No pedimos ascetas ni mártires, pero sí profesionales compasivos y responsables, auténticos apóstoles de la salud, dispuestos a cumplir el alto compromiso ético que, ineludiblemente, han asumido con los enfermos; los que no lo estén, tal vez se equivocaron de profesión. Puede que en estos tiempos modernos en que hasta la Medicina se ha comercializado, a muchos médicos no les guste que se les recuerde los votos que han hecho ante la humanidad. Aun así, hay que recordárselos.

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