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Destino manifiesto y política de Obama con Latinoamérica

Actualizado el 31 de mayo de 2013 a las 12:00 am

El nuevo diálogoEE. UU.-AméricaLatina reciéncomienza

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El 27 de diciembre de 1845, John O’Sullivan, Editor del New York Morning News, tal vez presagiando los delirios que lo acompañarían los últimos años de su vida, publicó una columna donde acuñó una frase que definiría gran parte de la historia reciente del mundo y especialmente de América Latina: “Basta, basta con esta telaraña de derechos de descubrimiento, exploración, ocupación, continuidad, etc., nuestro reclamo por Oregón siempre será el mejor y más fuerte. Y ese reclamo está basado en el derecho de nuestro destino manifiesto que nos ha otorgado la Providencia de extendernos y poseer todo el Continente.” Si bien O’Sullivan se refería a la discusión entre Estados Unidos y Gran Bretaña sobre Oregón, años más tarde el destino manifiesto se convertiría en el latido silencioso de la vocación expansionista de los Estados Unidos en América Latina y el mundo.

La práctica expansionista de Estados Unidos durante más de siglo y medio estaba acompañada de un discurso integracionista que siempre fue recibido con razonable desconfianza en la región. Desde el Congreso de Panamá en 1826 hasta la Cumbre de las Américas de Miami en 1994, la mayoría de los gobiernos norteamericanos sostuvieron un discurso de acercamiento e integración con la región, mientras que la práctica era el sometimiento militar, político y/o económico.

Si bien la profunda raíz de la política expansionista de Estados Unidos y la justificada desconfianza de América Latina no se va a resolver en pocos años, se están dando ciertos cambios que podrían modificar esa larga historia de desencuentros. El crecimiento económico de América Latina, impulsado principalmente por el motor de Brasil, una nueva arquitectura mundial, en donde la multipolaridad ha ampliado las opciones que ofrecía a nuestra región el mundo bipolar y el rediseño del mapa energético mundial, con una mayor presencia de las Américas, podría estar reformulando el diálogo con Estados Unidos bajo un nuevo paradigma de igualdad en las relaciones y de posibilidades de un beneficio real para ambas partes.

A esta nueva realidad se suma un presidente y vicepresidente de Estados Unidos con vocación de dialogar con una región mayoritariamente democrática, políticamente estable, pacífica y con un importante potencial de crecimiento económico para las próximas décadas. Si bien es cierto que el abrazo del amigo americano no convence a todos los países por igual, y algunos continúan aplaudiendo discursos decimonónicos y antiimperialistas, remasterizados por Chávez en su perorata “olor a azufre” ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, es de esperar que la razón y el pragmatismo, apoyados en una ideología sustentada exclusivamente en la erradicación de la pobreza, prevalezcan sobre una retórica alimentada de aplausos efímeros, pero de fracasos permanentes.

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Ambas partes parecen haber aprendido del pasado y en lugar de elegir el camino de la integración mediante el anuncio de altilocuentes alianzas y pomposas cumbres, se está optando por acuerdos en donde el beneficio bilateral o multilateral sea concreto y justo para todas las partes. El recuerdo del fracaso de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata en el 2005 con un Néstor Kirchner y un Hugo Chávez en pleno apogeo, continúa vigente.

En conversaciones con funcionarios al más alto nivel de la Casa Blanca y del Departamento de Estado quedó clara la voluntad de modificar una historia de desaciertos e iniciar una nueva etapa basada en el pragmatismo y la igualdad de las partes, reconociendo los errores de políticas pasadas y las enormes oportunidades que asoman en el futuro. Asimismo, esta nueva estrategia regional se sustenta en artículos y discursos recientes del presidente Obama y del vicepresidente Biden; de las visitas a México y Costa Rica de Obama; de las visitas a Brasil, Colombia y Trinidad y Tobago de Biden y las visitas de los presidentes de Chile, Peru y Brasil a la Casa Blanca en los próximos meses.

Luego de numerosos fracasos en su carrera política y periodística, John O’Sullivan se dedicó a hablar con espíritus y dijo haberse comunicado con Shakespeare. Esperemos que el nuevo giro de la política exterior del presidente Obama sepulte definitivamente el espíritu delirante y expansionista de O’Sullivan, para que sea el pragmatismo y la igualdad de ambas partes la que permita una integración que beneficie política y económicamente a toda la región. El nuevo diálogo recién está comenzando. Esperemos que ambas partes comprendan la importancia de no dejar pasar otra oportunidad.

En un mundo que en las próximas décadas se modificará sustancialmente debido a las graves consecuencias del cambio climático y el surgimiento de nuevos polos mundiales de energía, una alianza política y económica basada en la igualdad, puede representar la diferencia entre sacar a millones de personas de la pobreza o continuar alimentando solo la esperanza.

Santiago A. Canton Director Centro Robert F. Kennedy para la Justicia y los Derechos Humanos, Profesor de Derecho en Georgetown University, exsecretario Ejecutivo CIDH

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