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Después del PACto fiscal

Actualizado el 21 de abril de 2012 a las 12:00 am

Nos abocamos a poner la cara por el plan fiscal, pensando únicamente en el bien del país

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Después del PACto fiscal

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El déficit fiscal ronda el 4.5% del PIB, el más elevado de América Latina. Se redujo del 2010 al 2011 debido en parte a un fuerte recorte en la inversión pública. El problema es real a pesar de dos factores mitigantes. Primero, el Gobierno no está gastando lo requerido en educación, seguridad, infraestructura, ciencia y tecnología, ni pagando su enorme deuda con la CCSS. Segundo, las tasas de interés están a niveles históricamente bajos. En 3 años podrían elevarse en 5 puntos. A los niveles de deuda actual, por cada punto porcentual en que se eleven, el déficit fiscal se incrementará en un 0.4% del PIB.

Cada año con déficit se eleva la deuda pública por lo que el efecto del incremento en las tasas de interés será aún mayor. Como estamos pagando con nueva deuda los intereses sobre la deuda existente, esta crecerá exponencialmente. Recordemos que en 1978 la deuda pública alcanzaba un porcentaje del PIB similar a la actual (42%) y en sólo tres años en parte la multiplicación causada por ese fenómeno del interés compuesto hizo que se elevara al 103% del PIB.

Con el PACto fiscal, más los esfuerzos en recaudación que venía liderando don Francisco Villalobos, más una reducción en gastos superfluos (adicional al 0.25 del PIB ejecutado a inicios del año pasado), se podría haber creado un superávit primario con el cual pagar intereses sobre la deuda acumulada y así reducir el peligro de la explosión exponencial en el monto la deuda pública. Ahora las alternativas son complejas.

Pero además, en la negociación llevada a cabo por el PAC, lográbamos elevar la carga tributaria del país pero reduciendo lo pagado por la clase media y los sectores de menores ingresos. Con la exoneración de 270 productos de la canasta básica, solo los dos deciles más ricos de la población irían a aportar más con el IVA en relación con lo que aportan con el actual sistema de impuesto de ventas. De hecho, el 73% de los nuevos ingresos sería pagado por el 20% más rico de la población.

Plan progresivo. Introdujimos cargas que únicamente afectan a los sectores más aventajados del país por medio de la renta global, la renta mundial, los impuestos a las empresas en zonas francas, a los autos de lujo y a los salarios superiores a ¢4 millones. Logramos elevar el piso exento a las pymes y otorgar la garantía del estado al Banco Popular (propiedad de trabajadores, cooperativistas y comunalistas), para que pudiese competir con ventaja ante la banca privada. La transformación del impuesto de ventas en el IVA es en sí mismo una excelente herramienta para evitar la evasión en el impuesto de la renta. Por otra parte, al cargar a los servicios, lográbamos que el sector más grande y dinámico de la economía comenzara a contribuir con el financiamiento del Estado.

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Será difícil, sino imposible, lograr un plan de impuestos con este conjunto de elementos progresivos. De hecho, en el área económica hacía décadas que no se conjuntaba una mayoría de votos en la Asamblea Legislativa para una propuesta construida nacionalmente y contra el criterio de las hordas neoliberales.

Sin nuevos impuestos, los problemas serios no se manifestarán a los ojos de la población hasta dentro de unos 30 meses. Por ello los que apuestan a una derrota del PLN sobre las cenizas de la economía nacional cometen un error. Este Gobierno podrá “patear la bola para adelante” (tal y como lo afirmó en la Asamblea legislativa el exministro Herrero hace 10 meses) endeudándose en un mercado sobrado de recursos. En todo caso si una crisis se adelantara para antes de las próximas elecciones, el PLN siempre podrá alegar que la oposición impidió su buen gobierno, al obstaculizar la aprobación de los nuevos impuestos (y controlar la Asamblea Legislativa).

La demagogia de algunos y el maquiavelismo de otros les ha llevado a afirmar que los recursos del PACto Fiscal servirían en “bandeja de plata” una victoria electoral al PLN en el 2014. Creo lo contrario: el rechazo al PACto fiscal sirve en bandeja de plata las excusas y pretextos que el PLN necesita para seguir engañando a Costa Rica.

En lo personal siento una sensación positiva por el deber cumplido. Haciendo a un lado criterios de popularidad en campaña, propusimos elevar los impuestos. A pesar de la negación electorera del problema fiscal por parte del PLN y la habilidad con que los sectores más adinerados utilizan a las clases más pobres para proteger sus intereses, nos abocamos a poner la cara por el plan fiscal, pensando únicamente en el bien del país. Y lo más significativo –en un mundo político lleno de corrupción, negocios oscuros y transacciones interesadas–, el PAC negoció de manera transparente, cumpliendo lo anunciado en campaña, apoyados en un inicio por toda la fracción y una amplia mayoría dentro de la Comisión Política y sin que intermediaran prebendas de ningún tipo.

Por otra parte, debo resaltar el cumplimiento de la palabra por parte de la presidenta Chinchilla. Después de haber obtenido el 208 bis para el PACto, pudo haber negociado la mayoría simple requerida para aprobarlo, cediendo, por ejemplo, en materia de zonas francas para ganarse los votos de varios diputados de otros partidos. Tuvo la excusa en el tanto algunos diputados del PAC le quitaron el apoyo al PACto.

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Sin embargo, ella sostuvo, ante vientos y mareas aún de su propio partido, la palabra empeñada en relación con los 17 puntos acordados. Este hecho, poco usual dentro de la política, merece nuestro reconocimiento sin mezquindad alguna.

Dolor por el país. Pero aunque en lo personal sienta satisfacción por actuar de acuerdo a lo que considero bueno para el país, me duele por Costa Rica.

Primero por la situación fiscal sin resolver y los peligros resultantes para la institucionalidad.

Segundo, porque uno de los pocos acuerdos políticos en la vida reciente del país transparentes, centrados en contenidos específicos dentro de un proyecto de ley y en el cual no mediaron negociaciones relacionadas con el poder, ni con puestos, partidas específicas u otro tipo de prebendas, no culminó con la materialización legal de los contenidos del acuerdo. Ello estimula el regreso a los pactos oscuros y corruptos.

Y, tercero, por la sensación de impotencia democrática: una amplia mayoría de diputados quería la ley de impuestos pero los trucos y artimañas de una minoría, ya legendaria por su destreza para sustituir los argumentos por la confección de miles de mociones y por utilizarlas como mecanismo de oposición, lograron al final imponerse a la mayoría.

No es bueno para la moral social que la trampa articulada meticulosamente en las altas esferas de poder consiga sus fines y es absurdo que en una democracia las mayorías no puedan tomar las decisiones.

Después de este episodio el país tiene más problemas sin resolver, al tiempo que crecen las demandas de la población por más y mejores servicios públicos. Se trata de un desequilibrio creciente.

Pero los opositores al PACto fiscal deben tener soluciones alternativas políticamente viables.

El país espera...

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