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Descubriendo al Colón histórico

Actualizado el 16 de octubre de 2012 a las 12:00 am

La vida de Colón fue miserable durante casi toda su existencia

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Cristóbal Colón, probablemente es el personaje más reconocido de la historia por haber descubierto –según sus propias palabras– “nuevas tierras para sus Majestades Católicas allende la Mar Oceana desta Cipango et Cathay”. Pero sucede que Colón y sus navíos no llegaron aquel 12 de octubre de 1492 a las costas de Asia, como afirmaba el almirante en sus cartas de ultramar.

La realidad es que el proyecto colombino para reactivar la Ruta de las Especias por el oeste era sencillamente una locura imposible, según lo demostraron con toda razón los geógrafos de las Cortes de Portugal y del Reino de Castilla y Aragón. Con un error de cálculo nada menos que de 5.000 kilómetros en línea recta y un 20% menos en el diámetro de la circunferencia terrestre, el descubridor del Nuevo Mundo nunca reconoció tal hazaña, insistiendo hasta el día de su muerte, en 1506, que había arribado en 4 ocasiones a Las Indias del Oriente.

Gracias a que el primer rey de la España recién unificada, don Fernando, decidió que su geógrafo de confianza, Américo Vespucci, emprendiese un periplo que lo llevó a reconocer y cartografiar las Antillas y la costa de Suramérica, se demostró sin lugar a dudas que se había descubierto un nuevo continente; de ahí que los monjes cartógrafos de Saint Die, Francia, incluyeran en el nuevo planisferio de 1507 la nueva tierra descubierta, bautizándola con justicia como “América”.

Por supuesto que el descubrimiento del continente americano cambió por completo el mundo tal y como se conocía hasta la época del Renacimiento. Pero a Cristóbal Colón le cabe solo una parte del mérito, el haber topado de manera casual con las islas Bahamas, creyendo hasta el final de sus días que había alcanzado las costas de la India. La otra parte del mérito, la más grande quizás, le corresponde al navegante y cartógrafo florentino Américo Vespucci, de cuyo punto de veracidad geográfica partieron las primeras expediciones de exploración y conquista a las Antillas, la Veragua Ducal (Nicaragua, Costa Rica y Panamá), y la costa de Paria (Colombia y Venezuela).

En menos de 20 años, a partir de la llegada de Colón, el Nuevo Mundo experimentaba los primeros efectos catastróficos de la dominación española y portuguesa, dadas en exclusividad desde 1493 y 1494 por las bulas papales de Alejandro VI, en compensación por el apoyo recibido en las guerras por el control de los territorios pertenecientes al Vaticano.

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Pero ¿quién era ese hombre de origen misterioso que alcanzó el pináculo de la fama para luego caer a lo más profundo del descrédito y la humillación oficial? A lo largo de los siglos, la historia oficial española ha convertido la aventura sin sentido de un soñador empedernido en un auténtico mito histórico de sin igual glorificación. Es tal el grado de oscuridad que rodea la figura de Colón que no se conoce ningún retrato fidedigno de su apariencia, tampoco se tiene claridad del lugar donde nació, asumiéndose por muchos años que fue en la ciudad estado de Génova, en una fecha que tampoco se ha podido determinar, estimándose de manera empírica que ocurrió entre los años 1436 y 1456.

Lo que sí está claro, gracias a la denuncia en su contra planteada por fray Bartolomé de las Casas, es que era medianamente culto, no erudito ni de inteligencia superior a la de cualquier otro cristiano de su tiempo, de carácter testarudo y díscolo, hablaba el castellano con dificultad y desconocía del todo otras lenguas peninsulares. Esto evidencia que el natalicio forzoso en suelo español que le han tratado de endilgar a don Cristóbal no corresponde a su perfil vivencial, como tampoco parecen corresponder los rimbombantes calificativos inventados después de su muerte: “genio preclaro”, “gran navegante”, “visionario del futuro”, etc.

Por el contrario, la vida de este hombre fue miserable durante casi toda su existencia. Sabiéndose un hombre común, se apropió del conocimiento adquirido por Francisco Hernández de Huelva, cuya expedición realizada 20 años antes había llegado con éxito a las mismas costas americanas a las que arribó Colón en 1492. La información del explorador de Huelva, sumada a la teoría del geógrafo Paolo Toscanelli, constituyeron la base del proyecto que lo llevó a una dimensión en tiempo y espacio que nunca comprendió ni aceptó.

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