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Desarrollo para Barra del Colorado

Actualizado el 18 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Las claves del desarrollo: una marina y la pesca deportiva

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Tal vez porque la pobreza y el subdesarrollo caracterizan a la villa Barra del Colorado, con un 0,01% de la población de la provincia de Limón, solo es noticia cuando desde el norte, en época seca o lluviosa, con Ortega, Pastora, Herdocia, o sin ellos, se detectan acciones contra su suelo y habitantes. Solo en esos momentos, muestra la televisión que tienen un aeropuerto rústico, que hay un rancho para unos pocos guardas civiles, que una escuelita se defiende del avance de los charrales, que unos niños juegan descalzos al cuido de mujeres paupérrimas. ¡Y que también son costarricenses!

Un poco más de 4.100 habitantes se distribuyen en los distritos de Aragón, Buenavista, Malanga, San Gerardo y Tortuguero, tratando cotidianamente de subsistir con migajas, mientras llega el momento de emigrar a buscar su sustento, cual si fueren extranjeros dentro de su país. Su índice de pobreza supera el promedio nacional y, consecuentemente, el índice de desarrollo humano es uno de los más bajos de Costa Rica, como sucede con las poblaciones fronterizas del Caribe norte y el Pacífico sur.

Barra del Colorado espera ser desarrollada como centro turístico, donde se desarrollen instalaciones necesarias para la “industria sin chimeneas”, acorde con las características del río y el litoral, sin dejar de considerar la fortaleza ambiental, la situación social, cultural y económica, y la determinación del impacto ambiental de la nueva actividad.

La pesca turística deportiva.

Aunque se reconoce que las actividades turísticas constituyen la principal fuente de empleo y divisas extranjeras de Costa Rica, poca importancia se le ha venido reconociendo al aporte recibido a partir del turismo de pesca deportiva. Alrededor de 300.000 turistas ingresan por diferentes puertos en búsqueda de los casi inigualables sitios que ofrecen los litorales de ambas vertientes, que hacen que nuestro país sea mundialmente reconocido como destino privilegiado para esa beneficiosa actividad. Al promoverse e incentivarse una pesca turística deportiva de captura y liberación, para especies como el pez vela, la actividad es de muy bajo impacto ambiental pero muy alto impacto socioeconómico. ¡Más de 70.000 empleos directos e indirectos, y una cifra superior a los $600 millones! constituyen la contribución de ese turismo especializado a la economía nacional.

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Un estudio realizado hace unos 5 años por el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica ( Revista Summa , 23/8/2010) describe como para ese entonces unos 3.700 pescadores deportivos tenían sus propias embarcaciones en el país, e invertían alrededor de $278 millones en combustible, mantenimiento, reparaciones, muebles, accesorios, personal, tripulación, derechos de marina, impuestos y seguros.

Al promoverse el turismo de pesca deportiva en una zona como Barra del Colorado, por ejemplo, se esperaría la presencia de cientos de embarcaciones turísticas en esa zona marino costera, que tendrían que abastecerse de combustible, realizar reparaciones y generarían residuos sólidos y aguas residuales, entre otros, que en ausencia de una marina provocarían un impacto ambiental severo en el área del proyecto y alrededores. Impacto que requiere ser mitigado con la construcción y operación regulada de marinas y atracaderos turísticos, según lo dispone la ley.

No desearíamos que bajo un ala ecologista desinformada, sin importar las penalidades que sufren cotidianamente los habitantes olvidados del Caribe norte y las escasas opciones de desarrollo que tienen ante sí, se levanten “campañas” interesadas en contra de una marina en Barra del Colorado. Experiencia que se ha vivido en relación con una propuesta de marina para Puerto Jiménez, el otro extremo olvidado del territorio nacional, en una región que desde la salida de la United Fruti Company en 1984, vive un doloroso desequilibrio socioeconómico.

Así, tanto para Barra del Colorado como para Puerto Jiménez, una en el Caribe norte y otra frente al Pacífico sur, se vislumbran opciones de desarrollo semejantes y muy prometedoras. Con poblaciones similares hasta en su tamaño (menos de 7.000 habitantes en Puerto Jiménez) ambas comunidades podrían estar ubicadas, paradójicamente, en los dos lugares más atractivos para el desarrollo del ecoturismo y principalmente, el turismo de pesca deportiva, cuya promoción exitosa requiere de la presencia de marinas turísticas. Sea por iniciativa privadas, mixtas o estatales (Japdeva, por ejemplo) que tomen en cuenta la preservación del ambiente y el bienestar de las comunidades, es de esperar que se daría un aumento sustancial de visitantes que, ante condiciones adecuadas (hoteles, comercios, servicios públicos y privados, etc., asociados a las marinas) harían más extensas las estadías de los turistas nacionales y extranjeros.

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Para Puerto Jiménez ya se conoce de un proyecto que se ha ido sometiendo a los rigurosos procesos estipulados en la legislación correspondiente; para Barra del Colorado esperaríamos que con el entusiasmo de los limonenses, los entes responsablemente preocupa- dos por el bienestar de los habitantes de la provincia, recojan la idea y la sometan al diálogo necesario.

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