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¿‘Derecho de respuesta’ o trucos de litigio?

Actualizado el 23 de junio de 2012 a las 12:00 am

El derechode respuestano es de uso indiscriminado

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¿‘Derecho de respuesta’ o trucos de litigio?

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Luego que el periódico La Nación informara a la opinión pública en la sección de Sucesos del día 01/06/12, que la casi octogenaria madre del exministro de Seguridad Pública Juan Diego Castro había solicitado medidas de protección contra su hijo ante el Juzgado de Violencia Doméstica de Cartago por una agresión que ella sufrió, se ha dado una situación sin precedentes en relación con el uso del “derecho de respuesta” por parte del mismo denunciado que – a mi juicio– en realidad ha significado un verdadero abuso de este derecho de índole supranacional contenido en la Convención Americana de Derechos Humanos.

Desequilibrio de respuestas. Luego de la anterior publicación, que se hizo con pruebas fehacientes sobre la realidad de dicha denuncia, al día siguiente (02/06/12) en este mismo periódico se publicó la versión de descargo que diera el abogado Castro sobre esos hechos en una conferencia de prensa convocada por él ante periodistas de diferentes medios de comunicación

Como si esto fuera poco, en días posteriores, se publicaron –adicionalmente – tres artículos más (“Octava demanda y contrapunto”,07/06/12; “Gracioso encono del doble máster”, 14/06/12; y “El legado de mi padre”, 16/06/12), suscritos por el mismo Juan Diego Castro.

Este cuádruple paquete de “derechos de respuestas” constituye un desigual desbalance a favor del abogado Castro, quien no posee justificación legal alguna para incurrir en ese excesivo clamoreo; y menos, que dichos artículos muy poco o nada tienen relación con la noticia primaria relativa a la denuncia que le interpuso su madre, sino que se trata de confusos escritos mediante los cuales “dispara” todo tipo de ofensas contra un sinnúmero de personas.

El derecho de respuesta –contemplado en la Convención Americana de Derechos Humanos– no es de uso indiscriminado o una carta libre para espetar ofensas e insultos contra quien se quiera; y, si esto sucediera, deberán asumirse las eventuales responsabilidades penales y civiles derivadas de la acción del ofensor.

Por otra parte, el abogado Castro se refirió a mí (con nombres y apellidos) en su artículo del día 07/06/12; por esa razón fue que ejercí válidamente mi derecho de respuesta mediante el artículo “A Juan Diego Castro” (11/06/12), donde de forma respetuosa le pedí que no ventilara más estos asuntos judiciales en los medios comunicación, sino que lo hiciera propiamente en la sede jurisdiccional; sin embargo, él vuelve a abusar del “derecho de respuesta” y publica en este mismo periódico un ofensivo artículo contra mí persona (14/06/12), que no es otra cosa que un enredadísimo escrito de falacias y tergiversaciones que evidentemente lesionan mi honor.

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Este ataque contra mí persona, disfrazado de “derecho de respuesta”, obedece a una de las conocidas “estrategias” de este litigante para ofender a otras personas, ya que –desde hace muchos años– siempre provoca escaramuzas contra todo aquel que lo confronte en algún proceso judicial. Y siempre pretende confundir a la opinión pública enarbolando la bandera de la justicia y de la moralidad; pero quienes lo conocemos, que ya somos muchos en este país, sabemos que son desesperados trucos de acicalamiento de su imagen pública.

Procesos judiciales privados. Por otra parte, a pesar de que el Código de Deberes Éticos del Colegio de Abogados, y el Código Procesal Penal, prohíben a los abogados discutir a través de los medios de comunicación las causas judiciales en las que intervienen, algunos lo han hecho durante años. El abogado Juan Diego Castro es uno de ellos.

Yo no voy a ampararme a un “derecho de respuesta” para referirme a los procesos que se tramitan contra Juan Diego Castro en el Juzgado de Violencia Doméstica y en la jurisdicción penal, y menos me referiré a las denuncias penales que él ha interpuesto contra su madre y hermanos.

De todos modos, ya nuestros alegatos de defensa fueron planteados con amplitud en el proceso penal y guardamos la esperanza de contar con un Ministerio Público objetivo que analice concienzudamente los argumentos fácticos y jurídicos allí expuestos. Allí queda clara la inocencia de su señora madre y la de sus hermanos, cuyos nombres han sido objeto de acusaciones de querer apropiarse de la herencia familiar, lo cual no es cierto.

Y sobre las últimas denuncias que presentó su madre contra él, se trata de hechos cuyos detalles no deberían ventilarse públicamente por estar involucrada como víctima una adulta mayor y, como ella lo adujo en un artículo de hace pocos días: “A mi hijo Juan Diego” (12/06/12), desea que no haya más intromisión pública en este doloroso conflicto familiar que ha afectado su salud física y emocional.

Finalmente –como dice un buen amigo, Max Gordillo– “a veces las cosas no son como las pintan”; por eso, aunque se haga un evidente esfuerzo por negar la realidad es imposible tapar el sol con un dedo, y todo lo que ahora para algunos podría aparentar ser oscuro, en su debido momento se iluminará. Ya lo veremos.

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