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Derecho de fotocopia y formas de protesta

Actualizado el 18 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Vale la pena luchar por una Costa Rica sin capuchas ni máscaras

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Derecho de fotocopia y formas de protesta

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La foto de portada con fecha 10 del presente, en este matutino, es realmente de antología, término que remonta a colección de flores... Allí va una muestra de “flores del mal” (y para el caso, prefiero a Baudelaire). La imagen en cien mil ejemplares, respecto de la marcha por el derecho al fotopiado a destajo patentizó vulgaridad, violencia y ausencia de formación, todo lo contrario de lo que el proceso de enseñanza/aprendizaje debería implicar.

Se me va a reprochar que estoy generalizando, pero ese botón, no precisamente de rosa, visualiza la decadencia del concepto mismo de “estudio”. Ocho personas entran en el cuadro, hombres y mujeres, la mitad encapuchados: eso se llama cobardía. Vestimenta estrafalaria, violencia física abierta, vulgaridades en graffiti, vandalismo... el acabóse. ¿Profesionales del mañana?

Recuerdo patológicamente la escena de robo que hace un tiempo dio lugar a un zafarrancho en el límite entre el campus universitario en San Pedro y la misma comunidad; vuelve a la mente la invasión de delegados estudiantiles, a la fuerza al Consejo Universitario. No estoy hablando del siglo pasado: refiero al de ahora. Solo que me apoya un modelo de humanismo de hace veinte siglos: Cicerón con su “¿hasta cuándo?” En nombre del derecho y la democracia, estamos capitulando, ni siquiera ante la fracasada dictadura del proletariado, sino ante la chusma que tira la piedra y se esconde, literalmente, sin florcitas verbales.

Sí, bajo el mismo sol, tanto queda igual y tanto ha cambiado. Estamos viendo las consecuencias de ese “cultura” del derecho que los mismos profesores han inculcado. “Tengo derecho al estudio”, lo dice la Constitución.

Desde luego... aquello refiere esencialmente a la enseñanza preuniversitaria, obligatoria. De seguir así, ¿van a exigir que les lleven el título, no la fotocopia, a casita? Total, ¿solo interesa como ascenso social?

En la feria, hoy sábado, para las verduras me atendió Jeffrey: acaba de graduarse, ¡licenciado! y sigue trabajando. Desde luego debe haber recurrido a cantidad de fotocopias, pero no es un parásito social-con-título. No se ha refugiado en la regalitis imperante. Como su padre, atendiendo también, tiene espíritu de superación. Este utilizó el término de mediocridad.

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Detrás de la imagen proyectada, simplemente se visualiza la decadencia del concepto dual de enseñanza/aprendizaje, en tantos estudiantes: todo se reduciría al “derecho” al título, aunque sea memorizando a la carrera, entre dos mensajitos, cuatro generalidades, “expuestas” por un “equipo” donde se diluye toda responsabilidad. Sí profe, yo colaboré... hicimos el trabajo (el consabido copy/paste de moda) en mi casa y mi hermana pasó el trabajo en limpio...

Importaría lo mínimo, para “pasar”, no la adquisición de conocimiento ni el libro de la naturaleza, delante de los ojos. Ya los profesores capitularon frente a tanta horrorgrafía (sic) con estudiantes más interesados, en clase, en Facebook y el último mensajito. Se limitan a pedir la lectura y la reproducción de tres hojitas fotocopiadas o tal artículo, por favor corto, en la consabida “antología” (vuelve el ramillete prefabricado).

En grandes sectores, lo habré vivido en la Sección de Francés en la UNA y en la Escuela de Estudios (muy) Generales, en la OTRA, el verbo... se hizo fotocopia. Y así, en varios niveles. Ramillete de lo mismo: hace poco, vi a un colega exponiendo su “ponencia” a puro progreso entrecortado, ni siquiera de un cuarto de frase, sino cúmulo de palabras sin hilo, medio leídas de su celular. Bajado de Internet, directamente a su pantallita, sin pasar por el tedioso proceso de hacer fila para la fotocopia...

Me lo resume un colega, viendo el resultado en la vida real: “trabajan como sin saber; pero cobran como si supieran”.

Adelante: vale la pena luchar por una Costa Rica sin capuchas ni máscaras. Dígalo con flores, pero salgamos de la caverna llena de pétalos de plástico posmoderno.

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