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EDITORIAL

Debatir para seguir igual

Actualizado el 27 de marzo de 2013 a las 12:00 am

En todos los rincones del país, los ciudadanos intensifican esfuerzos por bajar el monto de sus recibos eléctricos

La Asamblea Legislativa prefirió demostrar su distanciamiento de la realidad y dio marcha atrás al proyecto de ley de contingencia eléctrica

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Entre agosto del 2006 y octubre del 2012, la electricidad subió un 85,4%, con lo cual superó en un 30% la inflación del mismo periodo. En todos los rincones del país, los ciudadanos intensifican esfuerzos por bajar el monto de sus recibos eléctricos. Apagan luces, minimizan el uso de calentadores de agua y lo piensan dos veces antes de encender la cocina.

El ahorro es un buen hábito, pero, forzado por las circunstancias más allá de lo razonable, afecta la calidad de vida. Por lo demás, tanto esfuerzo para mejorar la economía familiar no tiene recompensa. Entre el 2006 y el 2011, el consumo eléctrico promedio por familia pasó de 238 kilovatios hora al mes a 217. Es un drástico recorte del 9%, pero las economías hogareñas no se vieron recompensadas porque, en el mismo periodo, el costo promedio del kilovatio prácticamente se duplicó de ¢38,39 a ¢71,60, para no mencionar las alzas más recientes.

Los vertiginosos aumentos responden a los costos de producción del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), especialmente cuando se ve forzado a recurrir a la generación térmica para proveer el faltante de electricidad. Cada kilovatio hora termina costando, en esos casos, tres o cuatro veces más.

El ICE no da abasto, carece de los recursos necesarios para desarrollar fuentes de energía limpia en cantidad suficiente para satisfacer la demanda a menor costo. Los consumidores claman por una solución, pero a la Asamblea Legislativa no se le ocurre ninguna. La más obvia es abrir el mercado a la inversión privada sin abandonar la fijación de precios por la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos.

Las empresas generadoras están dispuestas a vender su producto a menos de la tercera parte del precio de la generación térmica, sin contaminar el ambiente, sin inversión pública y con el desarrollo de fuentes autóctonas de energía. El ICE ya experimenta con la posibilidad y está en el proceso de firmar contratos para la producción de 137 megavatios, generados exclusivamente con agua y viento, a un precio que ronda $0,11 por kilovatio.

En los últimos cinco años, esos contratos habrían aportado el 80% de la energía producida con hidrocarburos y habrían abaratado los recibos de los consumidores.

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Pero la oferta privada es muy superior a 137 megavatios y podría crecer exponencialmente si el Congreso modificara la legislación vigente para remover las barreras artificiales al desarrollo del mercado. Sin embargo, la Asamblea Legislativa prefirió demostrar su distanciamiento de la realidad y dio marcha atrás al proyecto de ley de contingencia eléctrica, menos ambicioso que la Ley General de Electricidad impulsada por la administración Arias, pero suficiente para conseguir algunos avances.

Frente a la estrechez creada por los costos de la electricidad, la respuesta del diputado Juan Carlos Mendoza es una negativa rotunda a considerar siquiera la discusión del proyecto y promover, a cambio, un debate de fondo sobre los medios para aumentar la generación eléctrica sin alterar el modelo actual.

Como si la dilación no tuviera efecto sobre los recibos mensuales, el legislador aconseja debatir la forma de no cambiar. No hay sentido de urgencia ni sensibilidad hacia la repercusión de las tarifas en las economías familiares y también en la del país, cuya industria y comercio pierden competitividad. Tampoco parece haber preocupación por la multiplicación de los efectos de las alzas en otros bienes y servicios de consumo indispensable.

Nadie explica por qué no es deseable producir y vender energía a la tercera parte del precio, ni ofrece detalles de la ruta a transitar para lograr los mismos costos sin cambiar el esquema monopólico. Mientras los consumidores sufren, la solución practicable es debatir “a fondo” los medios para conseguir que todo siga igual.

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