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Crítica de cine

Dama de luto

Actualizado el 14 de febrero de 2012 a las 12:00 am

Filme de terror La eficacia del susto

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Le tengo especial afecto al texto que da lugar a una nueva versión –en cine– de La dama de negro (2012), dirigida por James Watkins. Se trata de una novela de terror gótico escrita por Susan Hill, llevada con acierto al teatro, gracias a la astucia del dramaturgo Stephen Mallatrat.

Con el arte del sobresalto y el discurrir del miedo, esta versión teatral fue presentada en Costa Rica por el actor y director Mauricio Astorga. Fue estrenada en el teatro El Triciclo (se dice que volverá a las tablas). Hoy, con semejante aprensión, se manifiesta la película en cartelera.

Se trata de un filme inglés, con el atractivo de presentar como actor principal y casi único a quien encarnó a Harry Potter, Daniel Radcliffe, quien ahora sí muestra buena pasta histriónica. Posiblemente, sea este filme su verdadero arranque actoral, luego de ese personaje visto como maniquí (Potter). Muy buen trabajo el de Radcliffe, ¡nada que ver con Hogwarts!

Dicho actor se echa sobre sus hombros la película; sobre todo en aquellas secuencias de terror duro, donde la ausencia de parlamentos o palabras es absoluta. Igual, no es menos cierto que lo esencial de La dama de negro se expresa con su dirección artística, que, sin ser estruendosa, es capaz de materializar una atmósfera tenebrosa y lírica a la vez, cercana a la poesía del terror.

Así sucede desde la escalofriante escena del principio, para luego narrar la historia del abogado Arthur Kipps, enviado a un lugar remoto para vender la casa de un cliente que acaba de fallecer. Parece una gestión de rutina, pero todo comienza a descalabrarse cuando se conocen las muertes en serie de niñas y niños del lugar, mientras nadie quiere hablar de una mujer vestida de negro, a la que Kipps ha visto por ahí.

Entonces, con arte visual, el filme comienza a escudriñar la geografía del lugar y las emociones concurrentes. Aquí no hay esos chorrotes de sangre ni vísceras reventadas, no hay sadismo ni violencia innecesaria, nada de eso que el cine sádico y “gore” de Hollywood nos ofrece a montones.

El viaje de Arthur Kipps a la casa de la mujer de luto es como el de Hutter al castillo de Orlock, el de la inolvidable cinta Nosferatu: la tensión va por dentro. Luego, de ahí, La dama de negro, con eficacia, establece momentos inesperados de tirantez y sustos bien colocados (acuciosidad del montaje), de tal manera que los espectadores se sobresaltan en sus butacas (también los críticos, no crean que no).

Las expresiones del público son como estas: “Esta noche no voy a dormir”, “Me va a matar esta película”, “Ya no aguanto (un susto más)”. Lo mejor, como escribió alguien, es que –en este filme– los sustos no son estúpidos: funcionan muy bien dentro del estilo de terror clásico que, más bien, tiene la película.

Es así como lo tramposo establece una definida y bien lograda unidad con el arte más tradicional y reputado del cine de terror, donde la trama funciona por opuestos y con dos términos igualmente resbaladizos, ellos son realidad e irrealidad. Dejo, así, mi criterio y recomendación. Espero puedan dormir luego de ver esta cinta.

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