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Crítica de música: Arroz con mango

Actualizado el 14 de septiembre de 2009 a las 12:00 am

  Miscelánea. Al programa faltó coherencia

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Crítica de música: Arroz con mango

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Aparte de la calidad particular de las obras seleccionadas y su interpretación, a menudo los programas de los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) me parecen mezcolanzas inconexas y arbitrarias, en vez de repertorios homogéneos o contrapuestos, establecidos con base en criterios derivados de la estética musical, de los aportes de la musicología o de propuestas temáticas.

Ese fue el caso del octavo concierto de temporada de la OSN, dirigido por el estadounidense Peter Leonard, el viernes 11, en el Teatro Nacional (TN), con la participación de Carlos Ocampo, fagot principal de la orquesta, como solista en el Concierto para fagot y orquesta en si bemol mayor , KV 191, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), maestro irremplazable del clasicismo vienés.

Mozart apenas cumplía 18 años de edad cuando concluyó la pieza en 1774, quizá por encargo de un aristócrata aficionado al instrumento, pero el concierto se mantiene como la piedra de toque para determinar la destreza de los ejecutantes en el fagot.

Interpretación. Carlos Ocampo modeló una interpretación de lucida pericia técnica, apreciable en el hálito sostenido, los ágiles saltos de tesitura y los tonos firmes y límpidos de los tres registros: agudos despejados, medios tersos, graves sonoros. Además, la fina sensibilidad musical del solista se evidenció mediante la fluidez del fraseo y los matices de dinámica y colorido que obtuvo del fagot.

El acompañamiento del director y el conjunto se oyó oportuno y ajustado, con aportaciones sobresalientes de cornos y oboes. Los asistentes aclamaron el señalado desempeño del fagotista y, fuera de programa, Carlos Ocampo respondió a los aplausos con una transcripción del Bourrée I y II de la Suite N° 3 para violonchelo solo , de Johann Sebastian Bach, que finalizó la primera parte de la velada.

Sin embargo, el Concierto para fagot y orquesta de Mozart estuvo precedido por Serenata española y Sevilla , arreglos orquestales anónimos (al menos en el programa de mano) de dos conocidas piezas, parte de la Suite española , opus 47, obra para piano escrita alrededor de 1877 por Isaac Albéniz (1860-1909), fundador de la escuela pianística española contemporánea.

Estos fragmentos, ofrecidos en pretendida conmemoración del centenario de su muerte, no constituyeron un verdadero homenaje a la memoria del famoso compositor, para lo que correspondía una obra de mayor envergadura, por ejemplo, Iberia , excelentes orquestaciones de Fernández-Arbóz de piezas tomadas de los cuatro cuadernos homónimos para piano, o la Suite española completa, en la instrumentación del director de orquesta español Rafael Frübeck de Burgos.

Peor aún, Leonard y la OSN brindaron versiones desteñidas de los extractos, exentas de vivacidad rítmica, el sonido de las cuerdas apagado y sin lustre.

México. La programación de la segunda mitad me pareció algo más consecuente, aunque un abismo separa el populismo característico de El Salón México , del estadounidense Aaron Copland (1900-1990), parodia de la música de un bailongo de ese nombre, de las evocaciones ritualistas propias de La noche de los mayas , de Silvestre Revueltas (1899-1940).

La pieza de Copland, acabada en 1936 y estrenada en la capital mexicana el año siguiente, recibió una ejecución bastante insípida, pero la vigorosa lectura de La noche de los mayas compensó con creces las deficiencias apuntadas en la programación y en el desempeño del director y el conjunto.

La noche de los mayas data de 1939 y vio la luz como música incidental para una película del mismo nombre. De las 36 secuencias escritas por Revueltas para el filme, en 1960 el director José Yves Limantour rescató las más apropiadas para dar consistencia orgánica, bajo el símbolo de la noche, a una suite en cuatro partes, tituladas La noche de los mayas , La noche de jaranas , La noche de Yucatán y La noche de encantamiento .

A fines del 2005, Marvin Araya y la OSN interpretaron la obra con mucho éxito, repetido ahora en la vibrante y poderosa versión de Leonard y la orquesta, sobre todo, en los compases hipnóticos del Tema y variaciones final, diseñado por el director de orquesta Enrique Diemecke, con fundamento en otras piezas del compositor, para una amplia batería de instrumentos de percusión.

La conclusión de La noche de los mayas levantó un clamor entre la audiencia, que se prolongó por largo rato mientras Peter Leonard distinguía las secciones y los principales uno por uno.

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