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Crítica de danza: Como en vereda tropical

Actualizado el 10 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Música El estilo popular predominó en las bandas sonoras de las obras

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Crítica de danza: Como en vereda tropical

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                         El coreógrafo e intérprete Christopher Núñez presentó la coreografía Obsoleto yo. Adriana Araya para LN.Primero.
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El coreógrafo e intérprete Christopher Núñez presentó la coreografía Obsoleto yo. Adriana Araya para LN.Primero.

La tercera función del Festival de Coreógrafos Graciela Moreno dio inicio casi 20 minutos después de la hora establecida, debido a que mucho público acudió a la boletería tarde para adquirir sus boletos. No obstante, los coreógrafos protagonistas de la noche disfrutaron de un teatro lleno y buen aplauso.

El programa comenzó con la participación de Christopher Núñez, quien creó e interpretó un solo denominado Obsoleto yo . Núñez también es el responsable de los textos y la utilería. Además, para su trabajo contó con la ayuda de Nereo Salazar en el vestuario y Esteban Chinchilla en las luces.

Núñez, quien ya había participado en esta fiesta de danza, demostró buena proyección en el manejo de la voz y la corporeidad.

Obsoleto yo es una obra inspirada en hechos autobiográficos con elementos del estilo grotesco, que nos da una visión de la niñez desde la masculinidad.

El coreo-intérprete, con sus movimientos y manipulación de la utilería, mantuvo al público interesado en su discurso. Sin embargo, la primera escena me resultó muy larga, especialmente en la exposición del carrito manejado a control remoto eléctrico, situación agotó.

Como segunda intervención, vimos Chanchochingo , el trabajo de la debutante Kimberly Ulate, ejecutado por ocho bailarines.

También ella se encargó del vestuario y la utilería, recursos a los cuales se sacó el mayor provecho y logró crear una atmósfera de cualquier localidad urbana con acento popular.

Ulate expuso el tema de un viaje en transporte público con humor y buen manejo del lenguaje coreográfico, a través de una técnica adecuada por parte de sus intérpretes.

Silvia Ortiz, al lado de Heiner Fernández, desarrolló en un dúo titulado El sarpe , con el alcoholismo como metáfora, para demostrar como éste interviene en la relación de pareja.

En este trabajo, a nivel de interpretación, Ortiz demostró limpieza técnica y presencia escénica. Creó un buen concepto plástico, en el cual los colores y texturas contribuyeron a dar contraste a la composición, no obstante, faltó síntesis.

Adriana Cuellar, en su segunda participación en el festival se propuso reflexionar sobre la feminidad y masculinidad con su obra Si no es gallo es gallina interpretada por José A. Álvarez, Daisy Servigna, Cristina Rojas y Erick Calderón y con vestuario de Tripartito.

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Cabe reconocer que a nivel de lenguaje, Cuellar intenta ir más allá de sus creaciones anteriores y les presenta nuevos retos técnicos a sus bailarines, pero en su estructura dramática se ve dispersión.

En esta oportunidad, los apagones no ayudaron ya que actúan como varios finales, lo que le restó efectividad.

Para casi todos los participantes, de esta jornada y todo el festival, cabe recordar la frase del maestro José Limón quien decía que cada coreógrafo debe llevar en su bolsa una tijera para cortar lo innecesario, es decir, se debe tener presente el principio de síntesis, ya que es fundamental para una buena producción artística.

Y si el festival les otorga, algunos minutos de más, que no se llenen con elementos gratuitos o reiteraciones, pues el efecto se les puede revertir.

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