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Obra Diptych

Crítica de danza: El placer de moverse

Actualizado el 13 de abril de 2014 a las 12:00 am

Con propiedad Los ochos bailarines derrocharon dominio técnico e interpretativo

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Crítica de danza: El placer de moverse

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Brillantes. Los miembros de la Compagnie Flak emocionaron con sus movimientos. Jonathan Jiménez para LN.

La compañía canadiense de danza contemporánea Flak debutó en el FIA 2014 con la obra Diptych , creación del venezolano José Navas, quien inició sus estudios de danza con José Ledezma, en el Taller de Danza de Caracas y también estudió con el maestro norteamericano Merce Cunningham. Este coreógrafo y bailarín posee una trayectoria de más de tres décadas. Hace 20 años, se ubicó en Montreal y en la actualidad ocupa un lugar destacado en la nueva danza de Canadá.

Su estilo compositivo se caracteriza por un control de la técnica con un manejo del movimiento orgánico y fluido.

Dentro de las creaciones de Navas, Diptych es una obra de ruptura, en la cual investigó dentro de la concepción de la danza pura, con un claro interés en el movimiento para buscar nuevas posibilidades expresivas y teatrales del cuerpo. Además, no pretende ser narrativa; se ubica más hacia la abstracción y casi llega a un minimalismo. Es una pieza que habla de la relación entre el cuerpo, el espacio y la música.

Como preludio a Diptych , Navas apareció en el escenario mostrando su innata capacidad de movimiento y lo hizo enmarcado en una banda cuyo texto sonoro era su voz. Este segmento fue como una especie de declaración estética; no obstante, se debe revisar la reiteración, especialmente el uso del yo.

Luego, vimos la primera parte, cuya estructura es más formal con frases de abordaje periférico, y la segunda, más expresiva y teatral con un trabajo de línea más humanizado y movimientos orgánicos.

En la composición de Diptych prevalece la utilización del torso en estrecha relación con los movimientos ejecutados en el piso, los cuales se intercalan con saltos, unidos al trabajo de parejas, que culminan con alzados y muchas cualidades del movimiento, inherente a la danza contemporánea.

En esta obra, se debe destacar el equilibrio sostenido entre la razón y la emoción, donde predominan las formas depuradas y salpicadas de acentos claroscuros del Barroco. Esto debido a que la música que utilizó es de Johann Sebastian Bach; varias piezas de piano y otras para chelo intercaladas con algunos fragmentos en silencio.

La iluminación es responsabilidad de Marc Parent. Para la primera parte, su diseño aportó mucho, hasta llegó a tener un protagonismo como si fuera una escenografía, pero, para la segunda parte, el recurso se agotó, especialmente por algunos efectos, como el de la luz central, que aparecía en cada cambio de la pieza.

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El otro elemento plástico de la obra es el vestuario y fue diseñado por el mismo autor, del cual cabe destacar que es uniforme para todo el elenco.

Hombres y mujeres se visten sin distingo de sexo. Para la primera parte llevaban leotardo y mallas en blanco y negro, al estilo de la danza moderna del siglo pasado, y en la segunda, un ligero camisón de seda en diferentes tonalidades.

Sobre los intérpretes, debemos destacar su domino técnico corporal e interpretativo. Todos se vieron solventes en cada una de las diferentes formaciones, como solos, duetos, tríos y grupales, en los cuales la precisión corpórea predominó, apoyada de una sutil proyección interpretativa. Todo esto contribuyó para que todos los miembros de Flak, con su ejecución de casi una hora, nos hicieran partícipes del placer de moverse.

Al finalizar, recibieron un largo y caluroso aplauso.

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