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Crítica de danza: Por el placer de bailar

Actualizado el 29 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Mitos: En la coreografía, la autora toca temas poco tratados

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La coreógrafa y bailarina Nandayure Harley ha presentado su última producción titulada Bailar por siempre. En esta oportunidad, se alejó de los formatos y las temáticas que venía mostrando en su producción anterior, en la cual el discurso coreográfico ha estado fundamentado en la ponderación de la plasticidad escénica.

Bailar por siempre es una obra muy personal, de carácter intimista e inspirada en varios textos de su cosecha, en los cuales la autora reflexiona sobre los avatares de los bailarines durante su vida profesional. Está construida por varios segmentos, como dúos y solos, interpretados por Harley.

En esta puesta, más que ilustrar con bellas secuencias de movimiento llenas de colores y formas, la coreógrafa nos obliga a fijar su mirada en el cuerpo de los danzantes y las posibilidades expresivas e insiste en la importancia del entrenamiento para alargar la vida escénica.

Bailar por siempre es como una conferencia ilustrada, en la que se recalca y demuestra que la longevidad del bailarín depende de su amor y deseo de sacrificio para vencer la adversidad y adaptarse a nuevos retos. Es un acto de honestidad en el que Harley se desnuda como intérprete y reconoce sus limitaciones impuestas por la edad.

Para Bailar por siempre , Harley contó con varios aportes creativos. Fito Guevara y Alejandro Flores colaboraron en la composición coreográfica. La mayoría de la música fue creada y ejecutada en vivo por Felipe Fournier e Isaac Morera, con excepción de las variaciones sobre temas de Uakti y Philip Glass. En esta banda sonora predominaron los compases de percusión.

Por otra parte, el pintor Fernando Castro fue el responsable de la escenografía y el telón principal, que contó con un dibujo de bella caligrafía. Y Luis Carlos Vázquez diseñó un acertado y funcional vestuario, en el cual predominó el color negro.

Lo que encontré más deficiente en la puesta fue la iluminación; en general, la sentí plana. Al diseñador Emilio Aguilar le faltó crear contrastes, juegos y atmósferas. Un ejemplo de lo anterior es la primera escena, en la que la bailarina muestra su cuerpo y la luz no permite sentir la intimidad de lo planteado por la coreógrafa.

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Para complementar la dramaturgia, Harley también utilizó un texto de Israel Horovitz, el cual fue dicho por Fito Guevara durante el dueto. En este segmento, la bailarina logró transmitir más emociones que las que generó Guevara y ella tan solo dijo una palabra. Como intérprete, Harley se mantuvo con buena proyección escénica y adecuada dicción.

Vale señalar que en espectáculos unipersonales es fundamental un ojo externo para sacar mayor provecho a los puntos fuertes de cada participante y eliminar o afinar aspectos de reiteración en algunos movimientos o secuencias sin brillo, situación de la que no se salva Bailar por siempre .

No obstante, al finalizar Bailar por siempre , para reconocer la entrega y el compromiso de Harley con la danza y su carrera, el público le dio un generoso aplauso de pie. Para quienes no han visto este trabajo, aun puede ir hoy o mañana a ver el montaje.

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